PALABRAS IMPROVISADAS POR JUAN CARLOS FUSTINONI EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "SEMIOLOGÍA MÉDICA FISIOPATOLÓGICA" de COSSIO - FUSTINONI - ROSPIDE. Directores: Pedro R. Cossio, Juan Carlos Fustinoni y Julio A. Berreta. Eudeba, 1414 páginas, 2014.

Es con verdadera emoción que presentamos la octava edición de SEMIOLOGÍA MÉDICA FISIOPATOLÓGICA, libro cuya primera edición data del año 1955 –con más de 140.000 ejemplares vendidos en su historial– y por el cual se formaron las últimas 60 generaciones de médicos.

Siempre he pensado que si la Medicina es una ciencia de amor al prójimo con el conocimiento necesario para ejercerla, y si la docencia es una actitud de dar, y por eso se parece mucho a amar ya que el amor más sublime es un amor desinteresado, la semiología es el "arte" de recabar los signos y síntomas al pie de la cama del enfermo, partiendo del "análisis", a través de la exploración física, a la "síntesis" final.

Pedro Cossio, Osvaldo Fustinoni y Pedro Rospide –los egregios fundadores del libro– no sólo fueron semiólogos; fueron "la" semiología que no ha sido superada a lo largo de los años. Con sus manos sabían descifrar los misterios insondables de las enfermedades al poner de manifiesto lo que dice Honorato de Balzac en La Comédie Humaine: "La main traduit tout à la fois, les secrets du corps et ceux de la pensée". Auscultaban con sus oídos los estertores iniciales de la condensación neumónica, un soplo pleural o la broncofonía apicoescapular izquierda del síndrome de Hamman.

¿Cómo podríamos resumir lo que plantea el libro? En tres respuestas: jerarquiza lo que es "patognomónico" de la semiología –que no es otra cosa que un lenguaje bien hecho–, prioriza el examen físico y reinterroga el signo.

Este libro contiene la palabra de los grandes semiólogos que ha dado el país, actualizada al 2014.

Que esto constituya un homenaje a la Medicina Argentina y a los ilustres maestros del arte de curar.

"S'il est possible de perfectioner l'espéce humaine c'est dans la medecine q'il faut chercher les moyens", afirmaba el genio de Descartes. Con este texto pretendemos, en la muy modesta medida de nuestras capacidades, perfeccionar el saber de la especie humana a través del conocimiento acabado y certero de la técnica del examen semiológico, que es y será por siempre un arte.

Señores:

Un niño sintió de pronto que su boca se llenaba de palabras y música –alguien me preguntó si en esta presentación habría música, "ese claro de luna en la noche tenebrosa de la vida"–. Desde ese momento buscó afanosamente al Árbol que Canta, ese árbol del que habla la noche 938 de "Las mil y una noches". Preguntó por él al Pájaro de la Montaña que le señaló un bosque, pero al acercarse divisó que el árbol encontrado era muy grande y muy alto, y que no podía, de esa forma, llevarlo consigo. Entonces el Pájaro le dijo: "Toma una rama y plántala en tu jardín". Con Pedro y Julio, en este libro, no hemos hecho más que eso: hemos tomado una pequeña rama del Árbol que Canta y la hemos plantado en nuestro jardín.

Queridos amigos:

Me retrotraigo en el tiempo, ese "discurrir por la vida" que disipa en el éter las sólidas aristas de los hechos. Y vuelvo a los años de la infancia y al recuerdo de "Platero y yo". Juan Ramón Jiménez puso a su burrito, en ese prado de rosas eternas, para llevar almas, sólo almas, por caminos de malvas, nopales y madreselvas hacia valles de oropéndolas y de azahares. Desde uno de esos valles nos están viendo Cossio, Fustinoni y Rospide para brindarnos como siempre su sonrisa generosa y eterna.

Muchas gracias por acompañarnos y por la atención dispensada.

Sea esto para gloria de nuestros maestros, para honra de vosotros y para honor de la Patria.

Nada más.