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¿Los "agrandados" tienen complejo de inferioridad?

¿Los "agrandados" tienen complejo de inferioridad?

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  1. Estudiante de Medicina
    Avatar de Bohemian_Scientist
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    #1

    ¿Los "agrandados" tienen complejo de inferioridad?

    ¿Y por eso entonces quieren aparentar ser más exitosos o mejores? ¿O es una falacia del conocimiento común?
    Danke!
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  2. Avatar de Carito*
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    #2
    Es muy probable que sea asi. Sino, para q tenes q demostrar algo si realmente lo tenes...
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    #3
    pienso que muchos creen que su opinion es unica y no respetan la opinion de los demas.sera por esto???me ha tocado en un tredh sobre animales que no respetan mi opinion y recibi burlas ..ojala que no... yo creo q seria todo mejor si nos respetamos y toleramos.besos!!!!!!
  4. Avatar de Pazita
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    #4
    uuuhh no mejor no entro, me imagino a que te referís...

    respecto al thread, no sé, es probable, me lo dijeron varias veces, ponele un chico o una chica que está con alguien distinto cada finde, se siente un winner pero en el fondo es una persona insegura... suena coherente
  5. Avatar de Mattys86
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    #5
    Puede ser que mcuhas de las personas "agrandadas" sean inseguras, tengan complejo de inseguridad, etc. Pero hay otras (que son las que más detesto) que simplemente son así porque la gente que los rodea se los hizo creer y son tan ciegos que no se dan cuenta que no tienen nada...

    Que onda eso de la experimentación con animales? No lo vi, ahora lo busco!
  6. Estudiante de Medicina
    Avatar de Bohemian_Scientist
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    #6
    Citar Originalmente publicado por Mattys86 Ver post
    Puede ser que mcuhas de las personas "agrandadas" sean inseguras, tengan complejo de inseguridad, etc. Pero hay otras (que son las que más detesto) que simplemente son así porque la gente que los rodea se los hizo creer y son tan ciegos que no se dan cuenta que no tienen nada...
    ¿Pero serían en ese caso agrandados? ¿O soberbios? Porque para agrandarse se necesitaría estar consciente de que se lo está haciendo ¿no?
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  7. Avatar de ZeKKi
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    #7
    A mi me resulta incompatible el "agrandamiento" con el complejo de inferioridad, porque se supone que este último es precisamente lo que te impide agrandarte, y para pensar que la otra persona es agrandada, hay que sentirse en algún aspecto, menor que ella. Sino en base a que marco lo comparás?

    Si considerás que alguien se cree más que vos, es porque vos considerás que te crees menos que él.
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  8. Avatar de GiSu
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    #8
    Citar Originalmente publicado por nadiavet Ver post
    pienso que muchos creen que su opinion es unica y no respetan la opinion de los demas.sera por esto???me ha tocado en un tredh sobre animales que no respetan mi opinion y recibi burlas ..ojala que no... yo creo q seria todo mejor si nos respetamos y toleramos.besos!!!!!!
    Quizas si, pero creo que tiene mucho que ver con que saben que la mayoria los apoya, sino, no se jugarian a dar una opinion en contra de todos. Y ahi, cuando ven que son mayoria, se agrandan
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    #9
    necesitamos a los de psico a ver que dicen

    Rubencito
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    #10
    Citar Originalmente publicado por nadiavet Ver post
    pienso que muchos creen que su opinion es unica y no respetan la opinion de los demas.sera por esto???me ha tocado en un tredh sobre animales que no respetan mi opinion y recibi burlas ..ojala que no... yo creo q seria todo mejor si nos respetamos y toleramos.besos!!!!!!
    Sí, es verdad. A mí también en un thread sobre animales me dijeron cosas feas porque opinan disitinto que yo. Y tenés muchísima razón: respeto y tolerancia por todos y hacia todos.

    Ahora al thread en cuestión: Caro o alguno de los estudiantes de psico de explica exactamente y con palabras simple a que se refiere el complejo de inferioridad? Es como tener autoestima baja? Ser inseguro? NO sé a que apunta exactamente.
    After all, computers crash, people die, relationships fall apart. The best we can do is breath and reboot.
  11. Avatar de Arnold
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    #11
    Gente, parecen niños de 5 años peleando por figuritas o pibes de 17 comparando a ver quién la tiene más grande. Si no saben apreciar, u obviar, las opiniones ajenas... pidan ayuda.
    Agradezco que un moderador de acá borre lo que no va. Si quieren discutir, tienen la libertad de hacerlo en el thread que corresponda, o abrir uno para ello.
    He dicho, saludos
    No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.
  12. Médico Residente Pediatra
    Avatar de * CYN *
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    #12
    Respecto al tema tratado...

    Creo que hay personas que, no necesariamente son inseguras, pero si son conscientes de que valen poco y nada como seres humanos, entonces, se crean un personaje de "yo soy el mejor" y juegan a ser buenos, queridos, seguros, perfectos, etc... Pero son pobres tipos/minas.

    Peeeero... También creo que hay agrandados que no tienen NADA de inseguros, ni de complejo de inferioridad ni nada, y simple y tristemente se creen demasiado de verdad, tienen la cabeza muy chiquita como para tener un pensamiento objetivos sobre si mismos, y se ven como lo que se quieren ver, sin coherencia alguna...

    Pero sea como sea, los agrandados son INSOPORTABLES... Gente con un poquito de agrande te podes cruzar en cualquier lado, pero esos agrandados que solo piensan en si mismos, que se creen los mejores de todo y sobran a la gente... NO, no puedo convivir con esos intentos de personas, prefiero evitarlos.

    Sin mas, y como acotación antes de retirarme... Chaman te banco, sabelo!
  13. Avatar de nicock
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    #13
    escuché q la gente q le gusta comprarse autos grandes, casas grandes, cosas grandes, lo hacen xq tienen un complejo de inferioridad, o q tienen un pene pequeño.

    o q usan cosas muy llamativas, como muchas collares, pulseras etc

















    de ahi a q sea cierto... no se

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  14. Estudiante de Medicina
    Avatar de Luly88
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    #14
    jajaja..durisimo Cyn!(coincido totalmente con tu post..con el anterior ehh, aclaro, de nico no tengo nada que decir)

    Bueno, yo coincido en que los agrandados son insoportables(me da bastante lástima ese tipo de gente)..en realidad hay gente que se ama demasiado...pero creo q inconcientemente trae un complejo de inseguridad.

    O sea: Por lo general, el agrandado, se ama, pero necesita constantemente de la aceptación ajena, que lo miren, que lo admiren, ser el centro de atención.

    Yo creo q no se dan cuenta de esto, pero en el fondo es una forma terrible de demostrar su inseguridad..y por lo general al resto de la gente se le termina haciendo intolerable(al menos a mi me pasa)
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  15. Avatar de nicock
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    #15
    ONT: adhiero a lo q dice luly sobre q no soporto a la gente agrandada, o q tiene la necesidad de llmar la atención... me caen muy mal ese tipo de pipl
    Editado por sole86 en 17-Jul-2008 a las 10:52 AM Razón: desvirtua

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  16. Estudiante de Medicina
    Avatar de Bohemian_Scientist
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    #16
    Citar Originalmente publicado por ZeKKi Ver post
    A mi me resulta incompatible el "agrandamiento" con el complejo de inferioridad, porque se supone que este último es precisamente lo que te impide agrandarte, y para pensar que la otra persona es agrandada, hay que sentirse en algún aspecto, menor que ella. Sino en base a que marco lo comparás?

    Si considerás que alguien se cree más que vos, es porque vos considerás que te crees menos que él.
    Quizás el complejo de inferioridad se manifieste en dos formas distintas. Las personas más calladas simplemente se queden en el molde con un perfil bajo, y las que hablan más lo hagan simulando ser más de lo que son, exagerando los poco que tienen.

    Puede ser que el que piensa que el otro es agrandado se sienta menor, pero el agrandado presume de sus logros, le refriega en la cara lo que logró y otros no, y eso lo que hace es empequeñecer al agrandado,porque el que logra las mismas cosas y se calla demuestra que no tiene la necesidad que tiene el agrandado de la aprobación de los demás, es consciente de su valor y de sus logros, no necesita que otros se lo digan. Por eso es que planteé si psicológicamente el agrandado puede tener complejo de inferioridad.

    Citar Originalmente publicado por Luly88 Ver post
    jajaja..durisimo Cyn!(coincido totalmente con tu post..con el anterior ehh, aclaro, de nico no tengo nada que decir)

    Bueno, yo coincido en que los agrandados son insoportables(me da bastante lástima ese tipo de gente)..en realidad hay gente que se ama demasiado...pero creo q inconcientemente trae un complejo de inseguridad.

    O sea: Por lo general, el agrandado, se ama, pero necesita constantemente de la aceptación ajena, que lo miren, que lo admiren, ser el centro de atención.

    Yo creo q no se dan cuenta de esto, pero en el fondo es una forma terrible de demostrar su inseguridad..y por lo general al resto de la gente se le termina haciendo intolerable(al menos a mi me pasa)
    De más está decir que comparto totalmente tu opinión. Y ahora me surge la duda ¿Cuál es la relación entre inseguridad y complejo de inferioridad? ¿Cuál trae aparejada a la otra? ¿Puede ser entonces que los agrandados sean inseguros pero no se consideren inferiores? ¿O las dos cosas?
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  17. Avatar de ANDY**
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    #17
    como estuvieron hablando me parece que hay dos tipos: el que de verdad se cree que se las sabe todas y tiene mas que los demás y es soberbio todo el tiempo.

    y (el mas común creo yo) es el que subestima a los demás para poder sobreestimarse el, como que dicen "si al otro lo hago de menos entonces soy mas", o "si al otro lo bajo un escalón voy a estar por encima de él", ahí es donde surgen esas actitudes típicamente agrandadas donde parece que todo lo que respecta a ellos está sobrevaluado y lo demás es subestimado.

    ahí es donde veo la conección con el complejo de inferioridad porque alguien que se vale de esto todo el tiempo para sentirse mejor, es porque en realidad no lo es (o por lo menos el mismo no cree que es así, ya sea por inseguridad baja autoestima, etc.), entonces trata de disimular,

    muchas veces cuando se carece de algo (autoestima por ej.) es cuanto mas se trata de disimular y para eso recurren a aparentar lo contrario para que "no se note", digamos.

    encima fijense que son dependientes del otro todo el tiempo para mantener su actitud, ya que un agrandado en una isla desierta no existe, porque no tiene con quien agrandarse,

    en cambio una persona que se quiere y está feliz y seguro con lo que es y conlo que obtuvo a lo largo de su vida, no necesita del otro para mantener su actitud porque se siente bien consigo mismo y no necesita demostrar ni reafirmar nada a nadie.


    igual falta la opinión de los de psico, por dónde andan?

    *El destino es el que baraja las cartas,
    pero nosotros somos los que jugamos*
  18. Avatar de Arnold
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    #18
    Citar Originalmente publicado por ANDY** Ver post

    muchas veces cuando se carece de algo (autoestima por ej.) es cuanto mas se trata de disimular y para eso recurren a aparentar lo contrario para que "no se note", digamos.
    Recalco esto porque me parece que por ahí va la cosa. No solamente "el agrandado" intenta disimular lo que no le gusta de sí mismo, todos lo hacemos en distintos contextos.
    Por eso, muchas cosas que nos acomplejan las tapamos con otras que creemos que son positivas. O al contrario, algo que nos jode mucho lo ponemos en primer plano para que nadie piense que somos unos "acomplejaditos" (¿reirnos de nosotros mismos?).
    Igual no creo que nada sea taaaan lineal.
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  19. Avatar de maria laura quiñones urqu
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    #19
    Dime de qué te jactas, y te diré de que padeces...... Jacques Lacan
  20. Los siguientes usuarios agradecen a maria laura quiñones urqu por haber posteado información muy útil:

    psico (13-Aug-2008)

  21. Avatar de Marianita
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    #20
    los agrandados mejor denominados soberbios necesitan estar constantemente tirándose flores o hablando de sus logros o su supuesta "perfección" porque no soportan la realidad de que no somos perfectos, somos vulnerables y estamos sujetos a cosas que no podemos manejar, y tal vez le tienen más miedo a todo eso que los "no agrandados". Yo lo veo así, y la gente agrandada me cae para el orto no por hacerme sentir menos que ellos, al contrario, sino porque me gusta relacionarme con gente con la que se puede tener comunicación .
    * you may say I'm a dreamer but I'm not the only one *
  22. Avatar de psico
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    #21
    La mejor del thread es la cita de marialaura.

    Por suerte parece que se dieron cuenta que nadie de Psico respondió porque la respuesta que buscaban los usuarios venía de discusiones en otros threads...
    ¿Cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece?
    Primus non nocere!

  23. Avatar de El Zumba
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    #22
    Citar Originalmente publicado por psico Ver post
    La mejor del thread es la cita de marialaura.

    Por suerte parece que se dieron cuenta que nadie de Psico respondió porque la respuesta que buscaban los usuarios venía de discusiones en otros threads...

    1) Totalmente!!!! La frase la descosió!!!
    2) Ayyyy nosotroshh que no respondemoossssss
    We take for granted we know the whole story, we judge a book by its cover n' read what we want between selected lines
  24. Avatar de psico
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    #23
    Citar Originalmente publicado por El Zumba Ver post
    1) Totalmente!!!! La frase la descosió!!!
    2) Ayyyy nosotroshh que no respondemoossssss


    Jajaja, sos genial.
    ¿Cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece?
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  25. Avatar de Carito*
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    #24
    Hay un medico psiquiatra q habla sobre el complejo de inferioridad, prometo traer la info...
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    #25
    Lamentablemente tambien existe otro tipo de individuo no contemplado en esta discusión, el que se comporta como agrandado porque realmente es más. Seamos realistas no todos somos iguales, yo puedo ser más que uno y menos que otro, asumanlo
  27. Avatar de ANDY**
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    #26
    Citar Originalmente publicado por zwitterión. Ver post
    Lamentablemente tambien existe otro tipo de individuo no contemplado en esta discusión, el que se comporta como agrandado porque realmente es más. Seamos realistas no todos somos iguales, yo puedo ser más que uno y menos que otro, asumanlo

    por qué mas? con q parámetros definís q es mas y que es menos? es muy subjetivo,
    no creo que unos sean "mas" que otros sino que somos distintos.

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    pero nosotros somos los que jugamos*
  28. EFG
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    #27
    Citar Originalmente publicado por ANDY** Ver post
    por qué mas? con q parámetros definís q es mas y que es menos? es muy subjetivo,
    no creo que unos sean "mas" que otros sino que somos distintos.
    Siendo realistas se puede decir que hay gente que se desempeña mejor que otros en su labor, la eficiencia se puede comparar objetivamente y ahi es donde recae el regocijo de los agrandados, hay personas a las que les gusta afirmar su superioridad sobre otros solamente por placer, dar a conocer quien es el macho alfa del grupo, el lider en las situaciones que requieran tal habilidad.
  29. Avatar de dreamtigers
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    #28
    pero q se desempeñen mejor en un area los hace superiores en general?

    Si deseas que tus sueños se hagan realidad. Despierta! Dreamtigers.
  30. EFG
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    #29
    No, obviamente no en general, a lo que iba es que una persona no necesariamente tiene que tener complejo de inferioridad sino que realmente puede ser mejor que otros en algo concreto.
  31. Avatar de dreamtigers
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    #30
    yo creo q corresponde que opinen los de psi
    me aclararia mejor la duda
    no mi pregunta..
    sino la cuestion en general

    Si deseas que tus sueños se hagan realidad. Despierta! Dreamtigers.
  32. Avatar de psico
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    #31
    Citar Originalmente publicado por dreamtigers Ver post
    yo creo q corresponde que opinen los de psi
    me aclararia mejor la duda
    no mi pregunta..
    sino la cuestion en general
    ¿Por qué no respondemos?

    Es porque todo el thread apuntaba no a responder en verdad la pregunta sino que venía de otros threads donde varios usuarios se habían estado "peleando" (entrecomillo porque son peleas virtuales).

    Por eso, me remito a la cita de marialaura: "Dime de qué te jactas, y te diré de que padeces"...... Jacques Lacan
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  33. Avatar de ANDY**
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    #32
    Citar Originalmente publicado por EFG Ver post
    Siendo realistas se puede decir que hay gente que se desempeña mejor que otros en su labor, la eficiencia se puede comparar objetivamente y ahi es donde recae el regocijo de los agrandados, hay personas a las que les gusta afirmar su superioridad sobre otros solamente por placer, dar a conocer quien es el macho alfa del grupo, el lider en las situaciones que requieran tal habilidad.
    claro, pero esa "superioridad" es solo en un determinado ámbito y contexto pero eso no los hace "mejores" personas, es distinto, mas ventajoso en ciertos aspectos, pero no puedo decir que uno es mas que otro en términos grales.

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  34. Avatar de vaporux
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    #33
    el unico sentimiento hacia ellos de mi parte es la pena, mientras mas alto vuelan mas fuerte caen.

    pero como me puede estar pasando esto a MI?? a MI no me pueden pasar estas cosas?Injusticia! ustedes son los culpables de esta situacion!



    por mi parte creo q vivo demasiado con los pies en el suelo, necesito un poco de vanidad, la puedo comprar en cuotas?
  35. Estudiante de Medicina
    Avatar de Bohemian_Scientist
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    #34
    Yo planteé la idea del thread y no me estaba peleando con nadie antes, mi curiosidad era académica.
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  36. Avatar de priscila ailen
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    #35
    yo conozco de las personas que se las creen porq les enseñaron a creerselas desde la casa y estan los otros que rebajan a las persona para creerse mas
    me parece que esas personas tendrian que ir al doc para que le arreglen un par de cosas mal configuradas
  37. Avatar de Julietitaa
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    #36
    Citar Originalmente publicado por psico Ver post
    Por eso, me remito a la cita de marialaura: "Dime de qué te jactas, y te diré de que padeces"...... Jacques Lacan
    No estoy de acuerdo.
    No conozco muchos agrandados, pero para los que conozco aplicaría más la idea de que todo agrandado cree objetivamente que es el mejor en X cosa (y casi siempre lo es), pero el día que alguien le demuestra que lo superó en X cosa, se derrumba MAL. Le destruís todas sus bases.


    Tenía un compañero en Anatomía que era muy muy soberbio. Sigue siéndolo. Me parecía ridículo que se agrandara en cuanto a mujeres porque si bien no era feo, no era para tanto tampoco. He escuchado de el cosas aberrantes sobre ese tema. También era muy soberbio en cuanto a notas y desempeño académico, pero al punto de bardear MAL a amigas que bochaban UN parcial acusándolas de no estudiar nada. Sin embargo, en algun horrible punto, tenía algo de razón. Con esto quiero decir que: se jactaba de excelentes notas y muy buen desempeño, y no lo padecía. En absoluto. Lacan se equivoca en este punto.

    Existen los soberbios realistas y los soberbios pelotudos:

    El soberbio realista es el que se jacta de cosas en las que SABE con certeza que es el mejor, o uno de los mejores, o que se destaca en ello. Es soberbio, pero con hechos. "Vamos la puta madre, 9 en embrio, me rompi el ojete y los cague, ha ha, soy genial, ustedes tienen que estudiar mas". Si, estudió mucho y le fue bien. El éxito del que se jacta es objetivo, no hay con que darle. No es falta de autoestima, no es carencia de nada. Lo tiene y lo alardea, punto. No se en qué punto psicológico le da placer la cara de asco de los demas, que lo miran pensando "que pelotudo" con un 5 en el mismo examen. Pero creo que asi es el mecanismo.
    Cuando cae? Cuando se topa con alguien que, siguiéndole el juego, le comenta que se sacó un 10 (por ejemplo). Y que sale todos los fines de semana. Y que no estudia tanto en realidad, pero lo felicitaron y le pusieron un 10. Y al soberbio realista se le muere alguito adentro.
    (Este caso lo vivi con el flaco que mencioné y es tal cual como lo describo. Triste y real, pero sobre todo patológico)

    El soberbio pelotudo es el que se jacta de cosas que aún no ha conseguido y cree poder conseguir, o de las que no tiene idea. "Mirá, yo estudio y me va bien, si te da tanta paja estudiar reconsidera la carrera, hay boludeces mas faciles para hacer; yo ni en pedo recurso una materia." "7 no es un BUEN promedio, es medio choto en cualquier carrera. Si tenes 7 es porque algo te rascás" (sic, de un estudiante de Historia que tiene... parciales domiciliarios ). El soberbio pelotudo habla por hablar, habla desde las GANAS de ser el mejor en algo, no desde la objetividad de serlo. Todos podemos tener ganas, pero el soberbio pelotudo cree que solo no es el mejor el que no tiene ganas. Y, claro... es un pelotudez.
    Cuando cae? Cuando a la hora de los bifes las cosas no salen como lo esperaba. O cuando se acerca a eso de lo que tanto hablaba y no tenia idea, y se da cuenta que lo que desde afuera parecia una cosa, desde adentro es otra.


    Be kind to me, or treat me mean,
    I'll make the most of it, I'm an extraordinary machine.
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    #37
    Yo conozco cuatro clases de personas:

    1) Los que se jactan de lo que carecen, es decir, miserables.
    2) Los que se jactan de lo que poseen, es decir, soberbios
    3) Los que no se jactan de lo que si poseen, es decir, grandes.
    4) Los que no se jactan de lo que tampoco tienen, es decir, pobres.

    Creo que la condición sine qua non de la grandeza es la humildad.

    En la montaña de la sabiduría humana, aquel que está al pie de la montaña ve una piedra y cree verlo todo, razón por la cual se jacta ufano; mientras que que que llegó a la cima, al contemplar el horizonte infinito por delante, el cielo inconmesurable encima y la tierra insondable debajo, no puede sino reconocer la insignificancia de la mente humana ante la inasibilidad y la inenarrabilidad de todo cuanto existe en el universo, y no le queda otra opción que rendirse en humilde adoración ante la maravilla de la existencia y clamar "sólo sé que no se nada".

    Nuestra cultura fomenta que las personas se demuestren seguras de sí mismas, ufanas y arremetedoras, aún cuando tengan que actuar para ocultar sus inseguridades y falencias interiores. Es, entonces, una cultura miserable.
  39. Avatar de Porter
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    #38
    la soberbia de un lado es carencia del otro
    pedes in terra ad sidera visus
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    Estoy de acuerdo.

    Aunque debo admitir que conozco una par de individuos (si, dos solamente) que son tan superiores en todo sentido de la palabra, que sin jamás jactarse de nada, aún así suelen pasar por creidos por el solo hecho de destacarse aun cuando no tienen ninguna intención de hacerlo.

    Haciendo autocrítica, ¿es esto psicología? Me parece que estamos usando la palabra como efugio para discutir "las cosas de la vida" y manchamos así la disciplina en cuestión.

    Al fin y al cabo, en sentido amplio, todo en la vida es psicología, política, y levantarse una mina/tipo.
  41. Avatar de psico
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    #40
    Partamos de la base de que el concepto de "agrandado" no es científico y no pertence a la Psicología, sino al argot/jerga popular (por lo menos en nuestro país).

    Entiendo si tu motivación al abrir el thread, Bohemian_Scientist, era la curiosidad académica, pero creo que la de varios otros usuarios...no.
    Me disculpo si puse a todos en un mismo grupo sin hacer distinciones.

    Se está poniendo medio filosófico el debate, está bueno.

    Hay que ver el caso particular, porque el "ser agrandado" no es una categoría psicológica sino más bien una categoría descriptiva que abarca a diversos sujetos, algunos de los cuales querrán aparentar ser algo que no son, otros que serán más exitosos o habilidosos que otros en algo y les gustará presumirlo y otros que se podrían describir de manera distinta.

    Si les interesa el tema de los complejos de inferioridad y superioridad que planteó Adler, les dejo esta info, de Adler, "El sentido de la vida" (recuperado de El sentido de la vida, de Alfred Adler, Indice, Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha)

    CAPÍTULO VI

    EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD

    Carácter positivo del sentimiento de inferioridad. La superación del sentimiento de inferioridad es independiente de la obtención del placer. Sentimiento de inferioridad e instinto de muerte. El principio de aseguramiento en la esfera corporal y en la esfera cultural. Utilidad biológica del sentimiento de inferioridad. Posibilidad y causalidad. Falta de finalidad de la psicología de los instintos. Valor creador del espíritu de negación. El sentimiento de comunidad en el futuro. Omnipotencia del sentimiento de comunidad. Estilos de vida con insuficiente sentimiento de comunidad. Actitud pasiva y actitud activa frente al sentimiento de inferioridad. Sí,pero... Aseguramiento con síntomas corporales. La actitud de vacilación. El complejo de inferioridad.

    Spoiler:

    Hace mucho tiempo puse de relieve que ser hombre equivale a sentirse inferior. Quizá no todos recuerdan haber experimentado este sentimiento de inferioridad. Es también posible que a muchos les extrañe esta expresión y prefieran cambiarla por otra. No me opongo a ello; y tanto menos cuanto que veo que algunos autores han hecho ya este cambio. Para negarme la razón, gentes que se pasan de listas calcularon que el niño debe haber experimentado un sentimiento de plenitud para poder llegar a un sentimiento de inferioridad. La sensación de insuficiencia constituye un sufrimiento duro y tenaz que perdura, por lo menos, hasta que un deber no es resuelto, hasta que una necesidad no es satisfecha o no es neutralizada una tensión. Es, sin duda, un sentimiento natural comparable a una tensión dolorosa, que reclama alivio. Este alivio no ha de ir forzosamente acompañado de placer, como supone Freud, aunque puede ir acompañado de sentimientos de satisfacción, lo cual estaría de acuerdo con la concepción de Nietzsche. En determinadas condiciones, el relajamiento de esta tensión puede ir acompañado también de sufrimiento permanente o temporal, algo así como cuando se va un fiel amigo o como cuando es necesario someterse a una operación dolorosa. Tampoco a un fin penoso -generalmente preferido a una pena sin fin- puede considerársele como placer, a menos que queramos recurrir a ardides sofísticos.

    De la misma manera que un lactante traiciona con sus movimientos el sentido de insuficiencia, su constante aspiración a perfeccionarse y a satisfacer sus exigencias vitales, así también el movimiento histórico de la Humanidad debe ser interpretado como la historia del sentimiento de inferioridad y de los intentos realizados para liberarse de él. Desde que se puso en movimiento, la materia viva siempre se ha esforzado por pasar de una situación de minus a una situación de plus. Este movimiento, cuyas características describimos ya en 1907 en nuestro Studie über Minderwertigkeit van Organen (Estudio de las minusvalías orgánicas), es el mismo que comprendemos bajo el concepto de evolución. Dicho movimiento en modo alguno puede considerarse como encaminado hacia la muerte, ni siquiera hacia un estado de equilibrio o de reposo; antes bien, aspira a la dominación del mundo circundante. La tesis de Freud de que la muerte ejerce una cierta atracción sobre el hombre, hasta el punto de llegar a desearla en sueños y demás, representa, aun dentro de su propio sistema, una conclusión precipitada. No cabe, en cambio, duda de que existen hombres que prefieren la muerte a una lucha con las circunstancias ambientales, porque, en su orgullo, tienen un miedo exagerado a un posible fracaso. Son personas que aspiran siempre a ser mimadas y dispensadas de sus obligaciones, a base de que otros las cumplan.

    Como fácilmente puede demostrarse, el cuerpo humano se halla estructurado según el principio de seguridad. Meltzer llamó ya la atención sobre este principio en The Harvard Lectures, en 1906 y 1907, esto es, aproximadamente, en la misma época en que yo escribía mi ya citado estudio, sólo que él lo hizo con más profundidad y amplitud. Un órgano dañado es substituido en su función por un órgano sano o emite por sí mismo una energía complementaria. Todos los órganos pueden rendir más de lo que rinden normalmente, y atender muchas veces a múltiples y vitales funciones. La vida, que está regida por el principio de autoconservación, ha adquirido, en el curso de la evolución biológica, la energía y la capacidad para ello imprescindibles. Las divergencias de los hijos y de las generaciones jóvenes, con respecto a los padres y a las generaciones viejas, no son más que un aspecto de este mecanismo de seguridad vital.

    También la creciente civilización que nos rodea acusa idéntica tendencia a la seguridad y nos muestra al hombre en un continuo estado afectivo de sentimiento de inferioridad que estimula incesantemente su actividad para alcanzar una mayor seguridad. La satisfacción y el dolor que acompañan a esta lucha no son sino ayudas y premios que se le ofrecen al caminar por esta vereda. Pero una adaptación definitiva a la realidad del momento, ya creada, no sería otra cosa que la explotación de los esfuerzos de otros en armonía con la imagen que del mundo tienen los niños mimados. La continua aspiración a la seguridad impulsa al individuo hacia la superación de la realidad actual en favor de otra realidad mejor. Sin esta corriente de la civilización, que nos arrastra hacia delante, la vida humana sería imposible. El hombre habría sucumbido ante el embate de las fuerzas de la Naturaleza si no hubiera aprendido a utilizarlas en provecho propio. El hombre carece de cosas que, poseídas por seres más fuertes, hubiesen podido ser causa de su aniquilamiento. Los rigores del clima le obligan a defenderse contra el frío mediante las pieles que quita a animales mejor dotados. Su organismo requiere una habitación artificial y una preparación igualmente artificial de sus alimentos. Su vida no está asegurada más que bajo ciertas condiciones, como son una conveniente división del trabajo y una suficiente multiplicación de los individuos. Sus órganos y su espíritu trabajan de continuo para superarse, para afianzarse. A esto hay que añadir su mayor conocimiento de los peligros de la vida y una menor ignorancia de la muerte. ¿Quién puede dudar seriamente de que para el individuo, tan mal dotado por la Naturaleza, la sensación de inferioridad es una verdadera bendición, que sin cesar le empuja hacia una situación de plus hacia la seguridad, hacia la superación? Y esta formidable e inevitable rebelión contra este sentimiento de inferioridad consubstancial al hombre se repite como base de la evolución en la infancia de cada individuo.

    Todo niño que no esté tan anormal, como el idiota, gravemente tarado en su vida psíquica, se halla bajo el imperativo de este desarrollo ascensional que anima tanto a su cuerpo como a su alma. También a él le es impuesta por la Naturaleza la tendencia a la superación. Su pequeñez, su debilidad y su incapacidad para satisfacer sus propias necesidades, las más o menos importantes negligencias son aguijones determinantes para el desarrollo de su fuerza. Bajo la presión de su existencia precaria, el niño crea para sí mismo nuevas formas de vida, tal vez hasta entonces inéditas. Sus juegos, siempre orientados hacia el porvenir, demuestran su energía autocreadora, que en modo alguno podrían explicarse mediante los llamados reflejos condicionados. El niño construye sin cesar en el vacío del porvenir, impelido por la necesidad imperativa de vencer. Hechizado por las necesidades e imperativos de la vida, sus anhelos siempre crecientes le arrastran inexorablemente hacia un objetivo final, superior al destino terrestre que le era asignado. Y este objetivo que lo atrae, le conduce a las alturas, se anima y llega a adquirir colores dentro del reducido ambiente en que el niño lucha por triunfar.

    No me es posible dedicar aquí más que unas breves palabras a unas consideraciones teóricas que, juzgándolas fundamentales, publiqué en 1912 en mi libro Ueber den nervösen Charakter (El carácter neurótico). Si existe dicho objetivo de conquista y la evolución nos lo demuestra de modo palpable, entonces el grado de evolución que el niño alcanza y se plasma en él, se transforma a su vez en material de construcción para el desarrollo ulterior. En otras palabras, su herencia, física o psíquica, se expresa en posibilidades, y no cuenta sino en la medida en que puede ser y es utilizada con vistas al objetivo final. Lo que luego observamos en la evolución del individuo ha sido originado por el material hereditario, y su perfección es debida a la potencia creadora del niño. Puse ya anteriormente de relieve la brecha que abre el material hereditario. Sin embargo, debo negar que ofrezca significación causal alguna, porque la variación constante y multiforme del mundo exterior exige un empleo creador y elástico de ese material. La orientación hacia el triunfo final permanece invariable, aunque el objetivo, una vez plasmado en la corriente del mundo, imponga a cada individuo una dirección diferente.

    Las insuficiencias orgánicas, el mimo o el abandono inducen con frecuencia al niño a establecer fines concretos de superación que se hallan en contradicción tanto con el bienestar del individuo como con el perfeccionamiento de la Humanidad.

    Existe, empero, un considerable número de casos y de desenlaces que nos autorizan a hablar, no de causalidad, sino de una probabilidad estadística y de una desviación engendrada por un error. Además, se ha de tener en cuenta que cada mala acción es distinta a las demás, que cada defensor de una determinada concepción del mundo la presenta desde una distinta perspectiva, que cada escritor pornográfico ofrece sus peculiaridades, que todo neurótico se distingue de los demás y que tampoco hay dos delincuentes completamente iguales. Precisamente es en esta peculiaridad que distingue a cada individuo que se pone de relieve la creación propia del niño y la manera como utiliza y aprovecha sus posibilidades y aptitudes congénitas.

    Lo mismo debe decirse de los factores ambientales y de las medidas educativas. El niño los acoge y utiliza para la concreción de su estilo de vida; se crea un objetivo que nunca abandona, percibiendo, pensando, sintiendo y actuando con las miras puestas siempre en él. Una vez reconocido el dinamismo del individuo, ningún poder del mundo puede impedir la suposición de que existe un objetivo hacia el cual este movimiento está orientado. No existe ningún movimiento sin objetivo, y este objetivo no puede ser alcanzado nunca. La causa de esto reside en la conciencia primitiva del hombre, de que nunca podrá ser el amo del mundo, de modo que si esta idea asoma se ve obligado a transferirla a la esfera del milagro o de la omnipotencia divina (1).

    La vida psíquica está dominada por el sentimiento de inferioridad, y esto es fácilmente comprensible si se parte de los sentimientos de insuficiencia, de imperfección, y de los esfuerzos ininterrumpidos provistos por los seres humanos y la humanidad.

    Cada uno de los mil problemas del vivir cotidiano pone al individuo en guardia y en disposición de ataque. Todo movimiento constituye una marcha hacia adelante para pasar de la imperfección a la perfección. En 1909, en mi estudio Aggressionstrieb im Leben und in der Neurose (El impulso de agresión en la vida y en la neurosis) intenté dilucidar más de cerca este hecho, llegando a la conclusión de que las formas de esta inclinación a la agresividad, desarrolladas bajo las necesidades de la evolución, derivan del estilo de vida, y son una parte de la totalidad. Concebirlas como radicalmente malas o explicarlas postulando un impulso sádico congénito, es algo completamente gratuito. Aun si pobremente pretende construir una vida psíquica sobre impulsos ciegos y descarriados, no se debería al menos olvidar el imperativo de la evolución, ni tampoco la inclinación hacia la comunidad adquirida por el hombre en el curso del desarrollo evolutivo. Tomando en cuenta el gran número de seres humanos mimados y decepcionados, no es de admirar que personas de todas las capas de la sociedad, desprovistas de espíritu crítico, hayan adoptado esta noción -incomprendida de la vida psíquica de los niños mimados y por lo tanto fuertemente decepcionados, que nunca reciben lo suficiente- como una teoría psicológica fundamental.

    La incorporación del niño a su primer ambiente es, por tanto, el primer acto creador que, recurriendo a sus aptitudes, realiza impulsado por su sentimiento de inferioridad. Esta incorporación, distinta en cada caso concreto, es movimiento, interpretado luego por nosotros como forma, como movimiento congelado, como forma de vida que parece prometer un objetivo de seguridad y de triunfo. Los límites dentro de los cuales se desarrolla esa evolución son los de la humanidad en general, que vienen dados por el estado actual de la evolución de la sociedad y del individuo. Sin embargo, no todas las formas de vida utilizan esta situación como es debido, contradiciendo así el sentido de la evolución. En capítulos anteriores he demostrado que el completo desarrollo del cuerpo y del espíritu humanos está mejor garantizado cuando el individuo encuadra sus aspiraciones y sus actos dentro de la comunidad ideal apetecible. Entre aquellos que consciente o inconscientemente adoptan este punto de vista y los muchísimos otros que no lo hacen, se abre un abismo infranqueable. La contradicción en que se mueven ocasiona, en la existencia humana, innumerables discrepancias y formidables luchas. Los ambiciosos (en el sentido favorable del término) hacen gala de un espíritu constructivo, contribuyendo así al provecho de la Humanidad. Pero tampoco sus antagonistas están desprovistos de valor. Mediante sus errores -por los cuales llegan a perjudicar a sectores más o menos amplios- estimulan el esfuerzo de los contrarios. Se asemejan por tanto, a aquel espíritu que siempre quiere lo malo, más siempre crea lo bueno (Goethe, Fausto). Despiertan el espíritu de crítica de los demás, proporcionándoles de este modo indirecto una mejor comprensión. Y, finalmente, contribuyen a suscitar ese sentimiento de inferioridad realmente actuante.

    La dirección del desarrollo del individuo y de la comunidad está, por tanto, preestablecida por el grado del sentimiento de comunidad. Esto nos proporciona un punto de vista sólido para juzgar lo que es justo o injusto, y nos muestra además un camino que ofrece una seguridad sorprendente tanto en orden a la educación y curación como al enjuiciamiento de las anomalías. La medida que se emplea a este efecto es mucho más precisa que la que supondrá cualquier experimento. Y es que la vida misma nos sirve en este caso de piedra de toque. Todo movimiento expresivo, por débil que sea, puede ponerse a prueba desde el punto de vista de su orientación y distancia de la comunidad. El cotejo con las medidas de la psiquiatría clásica, que sólo pretende valorar los síntomas nocivos o los perjuicios causados a la comunidad, aunque tratando al mismo tiempo de perfeccionar sus métodos poniéndolos en armonía con el desarrollo ascendente de la sociedad, será, con todo, favorable a los de nuestra Psicología individual. Y ello por la sencillísima razón de que ésta no pretende culpar al individuo, sino que más bien intenta mejorarlo al atribuir la culpa, no al individuo mismo, sino a nuestra civilización, de cuyas enormes deficiencias todos resultamos responsables, y al invitarnos además a colaborar en la corrección de estas últimas. El hecho de que aun hoy estemos obligados a laborar por el incremento del sentimiento de comunidad se debe al grado todavía muy insuficiente de nuestra evolución. No cabe duda alguna de que las generaciones venideras habrán incorporado a su vida el sentimiento de comunidad como nosotros tenemos incorporadas a la nuestra la respiración, la marcha erecta o la percepción de las oscilaciones luminosas como imágenes quietas.

    Incluso aquellos que no comprenden que en la vida psíquica del hombre se encuentra el elemento generador del sentimiento social o de su imperativo: el ama a tu prójimo -todos aquellos que no aspiran más que a descubrir en el hombre el perro que llevamos dentro que astutamente procura no ser reconocido y castigado- representan un valioso estimulante para el hombre en su esfuerzo por elevarse; insisten con una sorprendente obstinación sobre los estadios retardatarios de su desarrollo. Su sentimiento de inferioridad busca un contrapeso totalmente personal en la certidumbre de la falta de valor de los demás. Me parece peligroso el abuso de la idea del sentimiento de comunidad en un sentido negativo -es decir de aprovechar una eventual falta de claridad que encamine al sentimiento social para aprobar formas de vida o concepciones del mundo hostiles a la sociedad, y para imponerlas a la sociedad actual e incluso futura, por todos los medios dables, so pretexto de salvaguardarla. Tal es el caso de aquellos que abogan por la pena de muerte, la guerra o el sacrificio despiadado de los adversarios. Pero hasta éstos -tal es la omnipotencia del sentimiento de comunidad- se ven obligados a cobijarse bajo su manto. Todas estas concepciones anticuadas tienen su origen, evidentemente, en la falta de confianza en poder encontrar un camino nuevo y mejor: esto es, es un sentimiento de inferioridad claramente reconocible. Es patente el hecho de que ni aun el asesinato detiene la marcha inexorable de las ideas progresistas, ni al derrumbamiento de las ideas que agonizan, y todo el mundo podía haber sacado ya de la historia humana esta enseñanza elemental. No existe, en lo que alcanzamos a ver, sino un único caso en que matar podría tener alguna justificación: el de defensa propia hallándose en peligro de muerte o el de defensa de otros que se hallaran en situación análoga. Nadie presentó tan magníficamente como Shakespeare, en Hamlet, este problema a la Humanidad, aunque sin ser enteramente comprendido. Shakespeare, que, a la manera de los poetas griegos, envía en persecución del delincuente a las Erinias vengadoras, floreció en una época más pródiga aún en hechos sangrientos que la nuestra, e hizo estremecer el sentimiento de comunidad de aquellos que aspiraban al ideal de la comunidad humana y que a la postre quedaron vencedores. Todas las aberraciones del criminal nos denuncian los límites extremos a que llegó el sentimiento de comunidad en los caídos.

    Incumbe, por tanto, al sector progresista de la Humanidad la estricta tarea de ilustrar y educar, sin excesivo rigor ni dureza, a aquel que se halla falto de sentimiento de comunidad, considerándole como un posible y eficiente colaborador en el caso de que logre adquirir dicho sentimiento, mas no en caso contrario. No hay que olvidar que para el hombre que carece de tal preparación supone un choque topar con un problema que requiere un fuerte sentimiento de comunidad y que este choque puede engrendar un complejo de inferioridad susceptible de hacerle incurrir en todo género de errores. La estructura mental del delincuente obedece sin duda al estilo de vida de una persona activa, pero, poco propensa a la vida en común, que ya desde su infancia se ha formado una opinión tal de la vida que considera justo aprovecharse del sudor ajeno. El hecho de que este tipo de sujeto se observe preferentemente entre niños mimados y, con menor frecuencia, en las personas cuya infancia ha transcurrido sin ser objeto de especiales cuidados, poco podrá extrañarnos después de lo que venimos explicando. Considerar la criminalidad como un autocastigo, o como consecuencia de primitivas formas de perversión sexual (hasta del mismo supuesto complejo de Edipo), es algo que resulta fácilmente refutable al darnos cuenta de que el hombre, a quien en la vida real encantan las metáforas, cae con demasiada facilidad en las redes de símiles y comparaciones. Dice Hamlet: Esta nube, ¿no parece un camello?, y Polonio contesta: En efecto, es igual a un camello.

    Defectos y vicios infantiles como la retención de excrementos, la enuresis nocturna, la excesiva inclinación hacia la madre, etc., son manifiestas señales de mimo en un niño cuyo ámbito vital no se extiende más allá de la esfera maternal, ni de aquellas funciones cuya vigilancia corresponde a la que le dio el ser. Si a estos defectos infantiles se añade una sensación de gozo, como sucede, por ejemplo, al chuparse el dedo o al retener los excrementos, lo cual puede ocurrir fácilmente en niños hipersensibles en donde si se agrega a la vida parasitaria de los niños mimados y a su apego a la madre, un sentimiento sexual naciente, éstas son complicaciones y consecuencias de las que son amenazados sobre todo estos niños mimados. Ahora bien, el mantener estos defectos, así como la masturbación infantil, desvía el interés del niño por la cooperación, lo más a menudo, no sin que una seguridad del lazo entre la madre y el niño sea reafirmada por una aun mayor vigilancia de aquella (lo que no equivale en ningún modo a una defensa, sentido que Freud intentó atribuir falsamente a mi concepto de seguridad). Por diferentes motivos, esta cooperación no ha sido adquirida, sobre todo por el niño mimado, que es impulsado a buscar de manera constante un apoyo que le exima, cuando menos en parte, de las tareas de la convivencia. La falta del sentimiento de comunidad y la agudización del de inferioridad, ambos íntimamente enlazados, quedan aparentados con toda claridad en esta fase de la vida infantil, manifestándose por lo general a través de todas esas formas de expresión que suelen darse cuando se vive en un ambiente que se supone hostil: susceptibilidad, impaciencia, incremento de las emociones, temor a la vida, cautela y avidez, esta última como resultado de la pretensión infantil de que todo debe pertenecerle.

    Los problemas difíciles de la vida, los peligros, las decepciones, las penas, las preocupaciones, las pérdidas (sobre todo de personas queridas) y toda especie de presiones sociales han de considerarse casi siempre a la luz del sentimiento de inferioridad. Éste se exterioriza generalmente en emociones y estados de ánimo universalmente conocidos, que distinguimos bajo los nombres de miedo, tristeza, desesperación, vergüenza, timidez, perplejidad, asco, etc., y que se traducen en la expresión facial y en la actitud del cuerpo. Parece en unos casos como si faltase el tono muscular, mientras se manifiesta en otros esa forma de movimiento que tiende a alejarnos del objeto inquietante o de las exigencias que constantemente nos crea la vida. En armonía con esa tendencia a la evasión, surgen de la esfera del pensamiento planes de retirada. La esfera afectiva en la medida en que tenemos la posibilidad de examinarla, refleja el estado de inseguridad y de inferioridad, contribuyendo así a fortalecer el impulso hacia la huida, en su irritación y en la forma que se presenta. El sentimiento humano de inferioridad, que suele diluirse en el afán de progresar, se revela con más claridad en los avatares de la vida, y con claridad deslumbradora en las duras pruebas que ésta nos depara. Distinta es su expresión según el caso, y si, en cada uno, hicieramos un resumen de sus manifestaciones , delataría en todos sus fenómenos el estilo individual de vida que se manifiesta de modo uniforme en todas las situaciones de la existencia.

    Sin embargo, no hay que perder de vista que en el solo intento de superar las tendencias emocionales que acabamos de describir, en el hecho de exaltarse, de estallar en cólera y, a veces, en el asco y el desdén, puede verse el resultado de un activo estilo de vida impuesto por el objetivo de superioridad y aguijoneado por el sentimiento de inferioridad. Persistiendo en la línea de retirada ante los problemas amenazantes, la primera de estas formas de vida, la intelectual, puede conducir a la neurosis, a la psicosis o a actitudes de masoquismo, mientras que la segunda, la forma emotiva, prescindiendo de las formas neuróticas mixtas y en correspondencia con su estilo de vida, tienda a una mayor actividad (no olvidando, sin embargo, que actividad no es ánimo, el cual sólo se observa del lado del progreso social), y de ahí la propensión al suicidio, al alcoholismo, a la criminalidad o a una perversión activa. Es evidente que se trata aquí de transmutaciones de un mismo estilo de vida y no de ese ficticio proceso que Freud denomina regresión. La semejanza de estas formas de vida con otras anteriores o con determinados rasgos de ellas mismas no debe interpretarse como identidad, y el hecho de que cada ser vivo no disponga de más patrimonios que los de su propio caudal espiritual y corporal no representa recaída alguna en ningún estadio infantil o primitivo. La vida exige la solución de los problemas de la comunidad y por esto toda conducta humana apunta al porvenir, incluso en el caso de que extraiga del pasado los medios para el logro de su finalidad.

    La falta de preparación para enfrentarse a los problemas de la vida puede obedecer en todo caso a un insuficiente desarrollo del sentimiento de comunidad, sea cual sea el nombre que queramos darle: solidaridad humana, cooperación, humanismo o incluso ideal del Yo. Esta falta de preparación es la que engendra ante los problemas y su desarrollo, las múltiples formas de expresión de inseguridad y de inferioridad física y psíquica. Tales actitudes anímicas originan pronto toda clase de sentimientos de inferioridad, que, si bien no se manifiestan claramente, se expresan ya en el carácter, en el movimiento, en la actitud, en la manera de pensar sugerida por el sentimiento de inferioridad, y en el hecho de apartarse del camino del progreso. Todas estas formas de expresión del sentimiento de inferioridad acentuado por la falta de sentimiento de comunidad llegan a ponerse de relieve en el momento en que surgen los problemas de la vida, la causa exógena; lo que no puede faltar jamás en caso de un fracaso típico, aun cuando no todos lleguen a encontrarla. Este fracaso típico se debe, ante todo, al intento de aferrarse a determinadas conmociones para aliviar la tensa situación creada por un acentuado sentimiento de inferioridad y como consecuencia del incesante afán de liberarse de una situación minus. Pero en ninguno de estos casos puede ponerse en duda la vigencia del sentimiento de comunidad ni borrarse la diferencia entre bueno y malo; en todos ellos encontramos un sí que subraya la presión del sentimiento de comunidad; mas siempre seguido de un ...pero, el cual posee mayor fuerza y obstaculiza el oportuno fortalecimiento del sentimiento de comunidad. Este ...pero, en todos los casos, que sean típicos o peculiares, implicara un matiz propio a cada individuo. Las dificultades de la curación corresponden precisamente a su potencia. Ésta es más pronunciada en el suicidio y en las psicosis, producto de conmociones anímicas en las que el sí desaparece casi por completo.

    Rasgos de carácter, como la anxiedad, la timidez, el recelo, el hermetismo, el pesimismo, etc.. que acusan, ya de antiguo, un deficiente contacto con el mundo, se intensifican notablemente cuando hay que luchar contra los rigores del destino y aparecen en las neurosis, por ejemplo, como síntomas patológicos más o menos pronunciados. Lo mismo puede decirse, de manera impactante, del dinamismo aminorado del individuo que siempre se halla en la retaguardia y a notable distancia del problema planteado (V. Adler, Praxis und Theorie der lndividualpsychologie (Práctica y teoría de la Psicología individual). Esta preferencia por la zona más alejada del campo de lucha de la vida está reforzada por la manera de pensar y de argumentar del individuo, y a veces también, por ideas obsesivas o por estériles sentimientos de culpabilidad. No es difícil comprender que no son los sentimientos de culpabilidad los que llevan al individuo a desfilarse ante el problema que se le plantea, sino que la preparación y la inclinación insuficientes de toda su personalidad encuentran aprovechables los sentimientos de culpabilidad para poner trabas al avance. Las autoacusaciones absurdas, por ejemplo en caso de masturbación, proporcionan excelentes pretextos de remordimientos. También el hecho de que cada ser humano, al echar una mirada a su pasado, encuentre algo que desearía no hubiera ocurrido, sirve a tales individuos como excusa para no colaborar.

    Pretender reducir a este ardid de los sentimientos de culpabilidad, fracasos tales como la neurosis o la criminalidad es desconocer la gravedad de la situación. La misma orientación que toma el individuo en caso de un deficiente sentimiento de comunidad pone siempre de manifiesto una mayor incertidumbre ante un problema de naturaleza social; esta incertidumbre refuerza la conmoción del organismo, con las modificaciones orgánicas resultantes, y permite al individuo irse por otros caminos. Estos trastornos corporales causan un desorden pasajero o permanente en todo el organismo, pero se localizan generalmente de un modo flagrante en aquellos puntos del organismo que a causa de una inferioridad congénita o de una sobrecarga de atención responden más intensamente al trastorno psíquico. La perturbación funcional puede manifestarse por la desaparición del tono muscular o su exaltación por una erección capilar, por un aumento de la transpiración, por síntomas cardíacos, gástricos e intestinales, por una dificultad respiratoria, por una sensación de nudo en la garganta, por la necesidad imperiosa de orinar y por una excitación o apatía sexual. En el seno de una misma familia se observan a menudo, cuando una situación difícil se presenta, los síntomas citados acompañados de dolor de cabeza, jaqueca, rubor intenso o palidez. Las recientes investigaciones de Cannon y Marañón, entre otros, demuestran de manera perfecta que el sistema simpáticosuprarrenal participa notablemente en estos trastornos, como participa también la parte craneal y pelviana del sistema vegetativo, que reaccionan de un modo distinto ante las emociones. Todo esto viene a confirmar nuestras antiguas sospechas de que normalmente las funciones de las glándulas de secreción interna, el tiroides, las suprarrenales, la hipófisis y las glándulas genitales se hallan bajo la influencia del mundo circundante y responden siempre a las impresiones psíquicas, según la intensidad con que son subjetivamente experimentadas y en correspondencia con el estilo individual de vida, a fin de restablecer el equilibrio corporal. Y cuando la aptitud del individuo frente a los problemas de la vida es deficiente, responden de una manera exagerada, sobrecompensadora (V. Adler, Studie über Minderwertigkeit von Organen, (Estudio sobre minusvalías orgánicas). cap. 1).

    El sentimiento de inferioridad de un individuo puede también ser delatado por la dirección que sigue en su camino. Hemos hablado ya de cómo el individuo podía alejarse, desinteresarse, desapegarse de los problemas de la vida, y también de la manera en cómo son soslayados. No cabe duda de que, a veces, se podría demostrar que tal manera de proceder puede ser justa, esto es, adecuada al sentimiento de comunidad. El hecho de que este punto de vista pueda ser justificado afecta particularmente a la Psicología individual, ya que esta ciencia no atribuye a las reglas y fórmulas sino una validez condicional, cuya comprobación exige una incesante aportación de pruebas. Una de estas pruebas nos la proporciona el comportamiento habitual del individuo en cuanto a una u otra actitud más arriba descrita. Otro tipo de movimiento, distinto de la actitud vacilante y que también delata el sentimiento de inferioridad, es el de rehuir total o parcialmente cualquier problema de la vida. Es total en la psicosis, en el suicidio, en la criminalidad inveterada, en la perversión habitual; parcial en el alcoholismo y en las demás manías. Quisiera mencionar como último ejemplo del sentimiento de inferioridad, la reducción sorprendente del propio ámbito vital y el encogimiento del camino de superación, dejando así excluidos importantes aspectos de los problemas de la vida. También es necesario aquí reconocer algunas excepciones en cuanto a la abstención total en resolver determinados aspectos parciales de dichos problemas, pero con miras a poder servir en mayor grado a la sociedad: así, el artista o el genio.

    Hace ya largo tiempo que llegué a reconocer la evidencia del complejo de inferioridad en todos los casos de fracaso típico. Sin embargo, tuve que esforzarme mucho para contestar a la pregunta más importante, a saber: ¿cómo a partir de un sentimiento de inferioridad -y sus consecuencias físicas y psíquicas- puede nacer el complejo de inferioridad por el impacto con un problema de la vida ? A mi entender, este problema nunca llegó a ocupar el primer plano del interés de los autores, y por ello no pudo ser resuelto antes. La solución se me impusó de la misma manera que son resueltos los demás problemas planteados a la luz de la psicología individual, buscando explicar la particularidad a partir del todo y el todo a partir de casos particulares. El complejo de inferioridad, esto es, el fenómeno permanente de las consecuencias del sentimiento de inferioridad, y la fijación de éste, se explica por una exagerada carencia del sentimiento de comunidad. Las mismas vivencias, los mismos traumas, las mismas situaciones y los mismos problemas de la vida (suponiéndolos completamente idénticos), se manifiestan de manera distinta dependiendo del individuo. Por eso el estilo de vida y el caudal de sentimiento de comunidad que éste encierra, ofrecen, desde luego, una importancia decisiva. Lo que puede inducirnos a error en ciertos casos, haciéndonos dudar de la exactitud de tales experiencias, es el hecho de que, a veces, personas con indudable ausencia del sentimiento de comunidad (lo cual sólo un observador experimentado puede confirmar) acusen, pasajeramente, manifestaciones de sentimiento de inferioridad, pero nunca, en cambio, del complejo de inferioridad. Este caso se da en las personas que, poseyendo escaso sentimiento de comunidad, tienen a su favor las circunstancias ambientales. El complejo de inferioridad del paciente podrá ser deducido de su conducta y actitudes, de su pasado de niño mimado, de la existencia de órganos minusvalentes, del sentimiento de menoscabo y abandono en su infancia. A ello contribuirán otros valiosos medios de la Psicología individual, que más tarde detallaremos: el esclarecimiento de los recuerdos más lejanos de la infancia, toda nuestra experiencia en torno al estilo de vida, la influencia ejercida por la familia (en la serie de hermanos y hermanas) y la interpretación de los sueños. En el complejo de inferioridad la conducta sexual y la evolución individual son sólo una parte de la totalidad y se hallan englobadas en dicho complejo.

    (1) JAHN y ADLER, Religion und Individualpsychologie (La Religión y la Psicología del Individuo). edit. Dr. Passer. Viena. 1933


    CAPÍTULO VII

    EL COMPLEJO DE SUPERIORIDAD

    La tendencia hacia la superación en el sentimiento de inferioridad. Los tipos intelectual, emocional y activo, y su especial afinidad con las neurosis. Espíritu de caridad ante las desviaciones del sentido común. El sentimiento de comunidad del criminal. El dolor neurótico. Fenomenología del complejo de superioridad. Abuso de los conocimientos psicológicos. Reacciones legítimas de superioridad. Los ideales y la concepción del mundo de la voluntad primitiva de poder. La protesta varonil femenina. El camino de la redención futura de la mujer.

    Spoiler:
    El lector inquirirá, y no sin razón: ¿dónde hay que buscar, en el complejo de inferioridad el afán de éxito, de triunfo? En efecto, si no llegáramos a demostrar la existencia de esta tendencia en los casos tan numerosos de complejo de inferioridad, entonces la ciencia psicológico-individual encerraría una contradicción fundamental, que acarrearía su fracaso. En parte esta interrogación ha sido ya implícitamente contestada. La tendencia a la superioridad aleja al individuo de la zona peligrosa, tan pronto como su escaso sentimiento de comunidad, que se exterioriza por una cobardía manifiesta o encubierta, se halla en trance de fracaso. La tendencia a la superioridad es también la causa de que el individuo se mantenga en su línea de retirada ante el problema social, o de que intente soslayarlo. Encerrado en su contradictorio sí, pero..., aquella tendencia le impone una opinión que tiene mucho más en cuenta el pero, dominando con tal intensidad todo su pensamiento que apenas si se ocupa de otra cosa que no sean los efectos del shock mismo. Y esto, tanto más cuanto que se trata siempre de individuos que, desde su infancia, han crecido sin verdadero sentimiento de comunidad y que casi no se han ocupado más que de su persona, de su propio placer o de su propio dolor.

    Generalizando un poco, se pueden distinguir entre tales individuos tres tipos cuyo estilo de vida inarmónico llegó a desarrollar con particular intensidad un determinado aspecto de su vida anímica. Uno de esos tipos está formado por personas en las que la esfera del pensamiento domina por completo todas las demás formas de expresión. Pertenecen al segundo tipo los hombres con un enorme exceso de vida emocional e impulsiva. El tercer tipo se desenvuelve más bien en el sentido de la actividad. Una ausencia total de esos tres aspectos no se encuentra, desde luego, en ningún caso. Todo fracaso irá, pues, asociado francamente a la acción persistente del shock en uno de dichos aspectos de su estilo de vida. Mientras que en el criminal y los candidatos al suicidio sobresale, generalmente, el elemento actividad, parte de las neurosis se distinguen por la acentuación del aspecto emocional, excepto en el caso en que se produce -como sucede generalmente en la neurosis compulsiva y en las psicosis- una especial acentuación del elemento intelectual (Adler, Die Zwangneurose, Zeitschrift für Individualpsychologie,, 1931, Hirzel, Leipzig). El ebrío es siempre, sin duda, de tipo emocional.

    Cualquiera que rehuse el cumplimiento de sus obligaciones vitales impone a la comunidad humana una tarea y la hace objeto de una explotación. La falta de colaboración de unos ha de ser compensada por un mayor rendimiento de los demás dentro de la familia o de la sociedad. Aquí tiene lugar una pugna silenciosa e incomprendida contra el ideal de comunidad: una protesta permanente que en vez de fomentar el sentimiento de comunidad, se propone precisamente quebrantarlo. Pero el afán de superioridad es opuesto a toda colaboración. De lo dicho se deduce que quienes fracasan son individuos cuyo desenvolvimiento hacia un normal espíritu de fraternidad se halla detenido y en los cuales se advierten ya ciertas incorrecciones de visión, de audición, idiomáticas y de juicio. Su sentido común está sustituido por una inteligencia individualista que utilizan sagazmente para asegurar y afianzar un camino apartado. He descrito al niño mimado como un parásito exigente que tiende de continuo a vivir a expensas de los demás. Si esta tendencia informa del estilo de vida, fácilmente se comprenderá que, en su mayoría, estas personas se considerarán acreedoras al rendimiento de los demás, trátese de caricias o de bienes, de trabajo material o intelectual. Sin embargo, por muy fuertes que sean sus medios de defensa y sus palabras de protesta contra tales sujetos, la comunidad ha de hacer uso de una caridad natural, fruto más bien de su más íntima tendencia que de su comprensión, puesto que su eterna tarea no es la de castigar o vengar errores, sino la de aclararlos y eliminarlos. Y es que se trata siempre de una protesta contra el imperativo de la convivencia, imperativo insoportable para aquellos que no han formado su sentimiento de comunidad, porque se opone a su inteligencia individualista y amenaza su anhelo de superioridad personal.

    Característico del poder del sentimiento de comunidad es el hecho de que todo el mundo considere irregulares y anormales las desviaciones y los errores más o menos graves de conducta, como si cada uno se sintiese obligado a aportar su tributo a dicho sentimiento. Esos mismos autores que, cegados por su pasión científica -y a pesar de los rasgos geniales que a veces acusan -, consideran la voluntad de poder personal artificialmente cultivada, no en su auténtica realidad, sino en sus disfraces, como un nocivo impulso primitivo, como una tendencia hacia el superhombre y como un impulso sádico ancestral, se ven obligados a reconocer y reverenciar el sentimiento de comunidad en su realización ideal. Incluso el criminal que plantea una mala acción necesita buscar una justificación a sus actos antes de atravesar esa barrera que todavía le separa de una vida totalmente asocial. Desde el punto de vista, invariable y eterno, del sentimiento ideal de comunidad, toda desviación aparece como un ardid que apunta al objetivo de superioridad personal. El hecho de haber evitado felizmente un fracaso en el seno de la comunidad conduce en la mayoría de tales personas a un sentimiento de superioridad. Y cuando el temor a un fracaso les hace alejarse constantemente del círculo de colaboradores, la propia abstención de las tareas de la vida es experimentada como un alivio y un privilegio que les distingue de todos los demás.

    Incluso cuando sufren, como, por ejemplo, en las neurosis, se enredan por completo en los recursos de su posición privilegiada, en las mallas de sus sufrimientos, sin reconocer que el camino del dolor les sirve única y exclusivamente para zafarse de los problemas de la vida. Cuanto mayor es su dolor, tanto menos combatidos son y se desligan tanto más del verdadero sentido de la vida. Este dolor, que va inseparablemente ligado al alivio y a la liberación de los problemas de la vida, no aparecerá como un autocastigo sino a aquel que no aprendió a considerar las formas de expresión como parte de la totalidad; es más, como una respuesta a las demandas de la sociedad. Y a semejanza del enfermo mismo, considerará el sufrimiento neurótico como un trastorno independiente.

    Lo que al lector o al adversario de mis teorías le costará más comprender será mi afirmación de que incluso la sumisión, el alma de esclavo, la falta de independencia, la pereza y los rasgos de masoquismo, señales manifiestas de un sentimiento de inferioridad, acusan un indudable sentimiento de alivio o hasta de privilegio. Como se comprende fácilmente, se trata de una simple protesta contra la solución activa de los problemas de la vida en el sentido de la comunidad y equivale a un ardid para tratar de alejarse de una derrota allí donde resulta requerido el sentimiento de comunidad, del que andan estos individuos muy escasos, como se revela a través de su estilo de vida. En este caso, tranfieren mayor trabajo a otros, incluso lo imponen -como en el masoquismo- muchas veces en contra de la voluntad de los demás. En todos los casos de fracasos, se percibe claramente la posición especial que el individuo se ha asignado: una situación aparte que tiene muchas veces que pagar con dolores, quejas, sentimientos de culpabilidad, pero que no abandona, porque a causa de su deficiente preparación para el sentimiento de comunidad, la considera una buena coartada para cuando se le dirija la pregunta: ¿Dónde estabas cuando Dios distribuyó el mundo? (1).

    El complejo de superioridad, tal como lo hemos descrito, aparece en general claramente expuesto en las actitudes y las opiniones del individuo convencido de que sus propios dotes y capacidades son superiores al promedio de la humanidad. Asimismo puede delatarse con exageradas exigencias hacia si mismo y hacia los demás. El aire pretencioso, la vanidad en cuanto al porte exterior, por elegante o descuidado que éste sea, pueden llamar la atención y revelar un complejo de superioridad, así como toda una serie de datos de diverso orden, como la extravagancia en el vestir, la adopción de una actitud exageradamente varonil en las mujeres o afeminada en los hombres, el orgullo, el sentimentalismo exagerado, el snobismo, la jactancia, el carácter tiránico, la tendencia a desacreditarlo todo (descrita por mi como particularmente característica), el culto exagerado a los héroes, el afán de relacionarse con personalidades destacadas o de dominar sobre débiles, enfermos o personas de menor importancia, la aspiración exagerada a la originalidad, el recurrir a ideas y corrientes ideológicas en sí valiosas para desvalorizar al prójimo. Las exaltaciones afectivas, como la cólera, la sed de venganza, la tristeza, el entusiasmo, el carcajeo ruidoso recurrente, la mirada huidiza, la falta de atención en una conversación, la desviación del tema de ésta hacia uno mismo, un entusiasmo habitual por cualquier circunstancia incluso fútil, acusan también, en general, un sentimiento de inferioridad que por el camino de la compensación neurótica conduce al complejo de superioridad. La credulidad, la fe en aptitudes telepáticas o semejantes, en intuiciones proféticas, despiertan asimismo la justificada sospecha de un complejo de superioridad.

    Quisiera prevenir a todo aquel que se halle realmente entregado al sentimiento de comunidad contra el peligro de poner esta idea al servicio de un complejo de superioridad o de aprovecharla para cubrir de irreflexivos reproches al prójimo. Lo mismo cabría decir acerca del conocimiento del complejo de inferioridad y de la superestructura que lo encubre. Quien trata con ligereza estos complejos despierta la sospecha de padecerlos él mismo, y sólo consigue a la postre una animadversión muy a menudo merecida. No hay que olvidar tampoco, en cuanto a la constatación exacta de tales hechos, la general disposición humana a errar, que es causa de que incluso nobles y valiosos caracteres puedan caer en el complejo de superioridad, aun prescindiendo de que, como Barbusse formuló tan bellamente, tampoco el mejor hombre puede en ocasiones substraerse al sentimiento de desprecio. Por otra parte, estos rasgos minúsculos, y por tanto poco disfrazados, nos motivan a enfocar la luz de la psicología individual hacia burdos errores respecto de los problemas de la vida, para comprenderlos y explicarlos. Palabras, frases e incluso el conocimiento de los mecanismos psiquícos ya de por sí fijados contribuyen muy poco al conocimiento del individuo. Lo mismo puede decirse de lo típico. Sin embargo, todos esos factores pueden servirnos para esclarecer un determinado campo de visión en el que contamos descubrir lo exclusivamente peculiar de la personalidad. Esto es lo que debemos comentar en nuestro consultorio, atendiendo siempre a determinar en qué grado es necesario complementar el sentimiento de comunidad.

    Si en el proceso evolutivo de la humanidad abarcamos una sumaria perspectiva de las ideas que lo rigen, llegando hasta a quintaesenciarlo, acabaremos por descubrir tres directrices formales que en cada caso confieren sucesivamente su valor a toda actividad humana. Tras un millar de siglos quizá idílicos y después del ¡multiplícaos! las tierras productoras se volvieron demasiado escasas, la humanidad inventó, como ideal de redención, al gigante, al hércules o al emperador. Incluso hoy día encontramos en todas las capas de la sociedad fuertes resonancias de los tiempos pretéritos en el culto a los héroes, el amor a la lucha y la guerra que grandes y chicos no paran de ensalzar como el mejor camino de regeneración para la humanidad. Este impetu muscular, nacido de la escasez de medios susceptibles de proporcionar el alimento, nos conduce, como inevitable consecuencia, a la esclavización y al exterminio del más débil. El bruto ama las soluciones simplistas: cuando hay poco alimento, lo acapara para él. Le gustan las cuentas claras y sencillas en provecho propio. Tal concepción ocupa en nuestra era un lugar preferente. Las mujeres quedan así totalmente excluidas de este género de obras inmediatas y no son tomadas en consideración sino en calidad de parturientas, de admiradoras de los hombres y como ayudantes. Pero el coste de la alimentación y del vivir humano ha aumentado y sigue aumentando cada día hasta límites tan inverosímiles que este afán de poderío sin complicaciones resulta ya de por sí un contrasentido.

    Queda aún la preocupación por el porvenir y por la prole. El padre atesora para sus retoños. Se preocupa por las generaciones venideras. Si su preocupación alcanza a la quinta generación, cuidará por lo menos de la descendencia de treinta y dos coetáneos, los cuales, a su vez, tendrán idéntica preocupación con respecto a sus propios descendientes.

    Las mercancías se pudren. Pueden ser convertidas en oro. Al oro puede dársele un valor mercantil. Con él puede comprarse la fuerza útil de otros a quienes es posible darles órdenes; más aún, inculcarles determinadas concepciones del mundo y del sentido de la vida. Se les puede educar en el respeto a la fuerza y al oro. Se les pueden imponer leyes que les sujeten al servicio del poder y de la propiedad.

    Tampoco en esta esfera desarrolla la mujer actividad creadora alguna. Las tradiciones y la educación le cierran el camino. Puede participar manifestando su admiración o su decepción al apartarse. Puede rendir homenaje al poder o, lo que es más común, defenderse de su propia impotencia, esta última eventualidad llevandola muy a menudo a tomar el camino equivocado, ya que la protesta del individuo aislado conduce a estas situaciones.

    La mayoría de los hombres y de las mujeres son susceptibles de rendir culto a la fuerza y a la riqueza, las mujeres en actitud de admiración pasiva, y los hombres haciendo gala de ambiciosas actividades. La mujer, sin embargo, está más distante para alcanzar estos ideales de civilización.

    Ahora bien: al filisteo de la fuerza y del tener, se une el filisteo del saber en armónico afán de superioridad personal. Pero, saber es también poder. Y frente a las inseguridades de la vida no se ha encontrado hasta ahora, en general, ninguna solución mejor que el afán de poder. Ha llegado el momento de reflexionar acerca de si verdaderamente es éste el único y el más adecuado camino para el afianzamiento de la vida y el desarrollo de la humanidad. De la estructura de la vida femenina podemos extraer también preciosas enseñanzas, ya que hasta el presente la mujer se ha abstenido de participar en el poder de los filisteos del saber.

    Y, sin embargo, fácilmente se podrá comprender que, con la única condición de la igualdad en la preparación, la mujer podría participar con éxito en el usufructo de ese filisteísmo. La idea platónica de la superioridad de la energía muscular ya ha perdido ciertamente su importancia en lo incomprendido (que algunos llaman también inconsciente). ¿De otra manera cómo se podría utilizar la tácita o manifiesta rebeldía del mundo femenino (protesta viril) en sus millares de variantes a favor de la colectividad?

    En último análisis, somos unos parásitos que venimos nutriéndonos de las obras inmortales de artistas, genios, pensadores, exploradores e inventores. Ellos son los verdaderos guías de la humanidad, el motor de la historia del mundo. Nosotros somos simples distribuidores. Hasta este momento, la fuerza, la posesión, la fatuidad del saber, han creado una barrera entre el hombre y la mujer.

    Esto explica la superabundancia de bibliografía en torno al amor y al matrimonio.

    Pero las grandes obras que venimos usufructuando han conseguido imponerse siempre por su valor supremo. Su triunfo no es generalmente celebrado con palabras pomposas, mas no por eso deja de servir a todos. No cabe ignorar que también las mujeres han aportado su contribución a esos grandes trabajos y a esas magnas obras. Pero asimismo es cierto que la fuerza, la propiedad y el snobismo cultural han impedido que esta contribución fuese mayor. A lo largo de toda la historia del arte sólo resuena la voz masculina; en las artes la mujer actúa como alumna del hombre, y, por tanto, como personaje secundario. Esto, hasta que un día aparezca una mujer que descubra en las artes el elemento femenino y lo desarrollará, perfeccionándolo. En dos géneros de arte asistimos ya a esta metamorfosis maravillosa: en el teatro y en la danza. En el cultivo de estas artes la mujer puede ser ella misma, y por esto ha alcanzado la cúspide de su plenitud.

    (1) Cita de la poesía de Schiller, Die Schoplung (La Creación).
    ¿Cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece?
    Primus non nocere!

  42. Los siguiente/s 3 mancianos agradecen a psico por este mensaje de gran utilidad:

    El Zumba (09-Sep-2008), maria laura quiñones urqu (24-Sep-2008), Psi_Gise (10-Nov-2008)

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