Médicos y activistas de la oposición en Siria han estado arriesgando sus vidas para salvar las de sus compatriotas, lo que les ha llevado incluso a convertirse en auténticos traficantes de suministros médicos desde los vecinos Líbano y Turquía. Sakr, un médico de 30 años de Homs, que ha sido bombardeada por el ejército sirio, está al frente de una operación de tráfico de suministro de este tipo en la región de Al Qaa, en la frontera sirio-libanesa.

“Tenemos que recurrir a este tipo de misiones de contrabando, no tenemos otra opción, porque los suministros médicos se necesitan con urgencia dentro de las áreas rebeldes como Homs, a las afueras de Damasco o ahora Aleppo”, cuenta desde la ciudad oriental libanesa de Arsaal.

Cada una de esas operaciones suele comenzar a medianoche y normalmente está apoyada por traficantes libaneses, más acostumbrados a llevar armas al otro lado de la frontera.

Los suministros se transportan a pie o, algunas veces, con burros. “El camino desde Al Qaa lleva casi una hora hasta alcanzar un refugio seguro dentro del territorio sirio. Los suministros médicos se cargan en camiones y son trasladados a Homs y también son distribuidos a otras áreas”, cuenta Sakr.

Con frecuencia pueden necesitarse cuatro días para introducir esos materiales a Siria. Los médicos de las áreas convulsas que se encuentran bajo el cerco de las tropas del régimen necesitan anestésicos, desinfectantes y sangre. Los trabajadores de esta red médica clandestina no tienen acceso a sangre, pues el banco central de sangre, el único suministrador de todo el país, está controlado por el Ministerio de Defensa. “Puedes se detenido o baleado por soldados sirios si te descubren, porque para el régimen somos traficantes al mismo nivel que quienes introducen armas”, cuenta Sakr, quien no se atreve a revelar su verdadero nombre por temor a lo que pueda pasarle a su familia.

El miedo es omnipresente en las áreas disidentes. En el norte de Idlib, los trabajadores médicos aseguran que “ser sorprendido con un paciente es peor que ser capturado con un arma”, según dijeron a la organización Médicos sin Fronteras (MSF). Un equipo de dos personas de MSF que cruzó a Idlib vía Turquía en marzo descubrió que incluso aunque los médicos tuvieran acceso a los suministros estaban tan aterrorizados que se negaban a realizar cirugías por miedo a represalias y sólo ofrecían primeros auxilios.

Por meses, MSF ha pedido autorización para ayudar a los heridos. Pero desde el inicio del levantamiento, en marzo de 2011, el régimen del presidente Bashar al-Assad impidió a grupos humanitarios internacionales operar en el país, excepto al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Los sirios envían las listas de los suministros médicos que necesitan a activistas basados en Líbano, que a su vez los consiguen de organizaciones extranjeras, cuyo nombre Sakr no puede revelar. También proceden de expatriados o activistas que los compran en farmacias locales. Y de ahí son introducidos por las fronteras libanes y turca a Siria. “No puedo mentir, nos están ayudando los traficantes libaneses que que conocen todos los pasos ilegales a Siria”, cuenta Sakr.

El creciente número de heridos hace que “doctores como yo arriesguen sus vidas y hagan viajes transfronterizos para garantizar que todo el suministro médico sea transferido en buenas condiciones a áreas de Siria”. La tarea, que describió como “misión imposible” es realizada por un equipo de 12 personas desde la frontera siria. “Activistas, doctores, miembros del Ejército Sirio Libre y traficantes libaneses nos protegen y guían”.

“Estoy haciendo esto sabiendo que estos suministros ayudarán a salvar algunas vidas. Por supuesto, recibo dinero, pero sólo la mitad de lo que cobro cuando trafico con armas”, cuenta uno de esos traficantes. La posesión de medicamentos y material médico básico es considerado un crimen.

Fuente: El Universal - El Mundo - Médicos, convertidos en traficantes para salvar vidas