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Experiencia en Médicos sin fronteras

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    Experiencia en Médicos sin fronteras

    Desde que se recibió, Claudia Ermeninto, médica cordobesa, dedica su vida a asistir a quienes tienen necesidades extremas.

    Me recibí de médica cirujana en diciembre de 1986 y en junio de 1987 partí a Guinea Ecuatorial, en la que fue mi primera misión en África, con una ONG italiana llamada Dokita, que llevaba a cabo un proyecto integral de salud. Permanecí allí hasta 1989 y fue una experiencia muy fuerte, especialmente el primer mes, porque era muy jovencita, tenía 24 años. Esos primeros momentos son las situaciones en las que uno dice “me enterré vivo”. Claro, significaba vivir en un contexto de selva, con condiciones mínimas, sin electricidad; no tener baño, sino letrina, ducharse con agua de lluvia y en el río.

    Los olores también son diferentes. Yo, como médica, he aprendido a respirar por la boca, para no sentir una mezcla de olores, que no pueden definir, entre ellos el olor a la muerte.
    Recuerdo que, en aquella época, en la que por supuesto no había Internet, dependíamos del correo postal, que demoraba un mes en llegar a la Argentina y la respuesta, tardaba otro tanto, por lo que uno a veces pasaba tres meses sin tener noticias de los allegados. Esa incomunicación significaba suponer que la familia y los amigos estuvieran bien.

    En el correo de allí carecían de transporte y a veces pasaban semanas sin retirar la correspondencia en el aeropuerto del lugar. Eran sacas y sacas enormes llenas de cartas. Entonces, acordamos con los empleados que cuando quienes integrábamos esa misión de Dokita bajábamos a Bata, la capital de la región continental de Guinea Ecuatorial, íbamos en nuestro auto, buscábamos todas las sacas de correo, se vaciaban en unas mesas enormes y nosotros podíamos seleccionar rápido las que venían de la Argentina, porque tenían el borde celeste y blanco.
    De esa época también guardo cajas enteras llenas de casetes. Grabábamos durante una hora nuestras noticias en vez de escribir y nuestras familias también nos respondían de esa manera. Era una gran compañía tener la voz de todos los seres queridos, ante la ausencia de medios de comunicación. Cada vez que veo esas cajas, digo: “De acá puedo sacar muchas historias”.

    Tras dos años, viaje de regreso en auto por el norte África durante tres meses, con cinco amigos franceses, era una forma de volver paulatinamente. No fue una travesía turística, vivimos miles de hazañas. Finalmente llegué a Córdoba en noviembre de 1989 y el país era un caos, no entendía nada, estaba totalmente perdida. Una amiga me contó que había un curso de Medicina Tropical en Bélgica y habiendo trabajado dos años en el trópico, decidí especializarme en las enfermedades más típicas de allí, dengue, paludismo, filariasis, entre otras. Y partí. Fue estudiando en Bélgica, en el Instituto de Medicina Tropical, que llegó un grupo de Médicos Sin Fronteras (MSF) a hacer lo que yo hago ahora: presentación de la organización y difusión de las actividades en el terreno.
    Así fue como en 1993 comencé a trabajar en MSF y participé en unas 16 misiones: Guinea Ecuatorial, Brasil, Mozambique, Armenia, Benin, Colombia, Níger, RDC, Cabo Verde y México. Fui responsable medica en la oficina de MSF Italia, luego en el 2000 organice la apertura de la oficina de MSF Argentina y en 2007 hice lo mismo en México.

    En África conocí a Juan Uanini, mi compañero desde hace 20 años, quien trabaja en el área de la logística en MSF.
    Cuando me preguntan por qué no hago lo mismo en la Argentina, una pregunta habitual, explico que nuestro objetivo es llegar a lugares donde no hay absolutamente ningún acceso a la salud. Es lo extremo, absoluta inequidad, donde las mujeres tienen sus partos sin ningún tipo de asistencia y los bebes nacen, viven y mueren desnutridos. Donde hay niños de dos o tres años que pesan cuatro kilos. Países donde el 60 % de la población no tiene agua potable, viven en escenarios crónicos de guerra y epidemias. Lo urgente, urgente, urgente...
    En 2011 comencé a trabajar para el reclutamiento de profesionales en Argentina y América del Sur, con énfasis actualmente en la búsqueda de ginecólogos, anestesistas y cirujanos. Los argentinos tenemos un perfil muy interesante: no nos “abatatamos”.

    Hoy, Claudia Ermeninto trabaja en Recursos Humanos de Médicos Sin Fronteras Argentina. Cuenta que necesitan profesionales con formación y experiencia, con gran sentido de la responsabilidad y capacidad de adaptación.

    Fuente: "Aprendí a respirar por la boca" | La Voz del Interior
  2. Los siguientes usuarios agradecen a Noticias por haber posteado información muy útil:

    Dra_Melissa (20-Apr-2012)

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