Bernardo Kliksberg es economista y sociólogo. Es asesor de 30 gobiernos, de organizaciones, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Su profundo conocimiento de tantas sociedades lo han convertido en un referente internacional insoslayable cuando de pobreza y exclusión se trate.

Ciudad de Buenos Aires, 19 agos, Agencia Infancia Hoy.- “Primero la gente” es el título de su último libro –escribió más de 40-, en coautoría con el Premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen.

Tuvimos la oportunidad de conversar con él luego de las jornadas del “Diálogo de Alto Nivel sobre Educación para la Inclusión Social”, organizadas por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), de las cuales fue uno de los protagonistas. En ellas abordó el tema "Educación para la inclusión. Desafíos en América Latina". Afirma que la educación es un tema decisivo para el futuro del mundo. La capacidad de generar conocimiento hará la diferencia funcional en las sociedades de nuestro siglo.

- Luego del diálogo ¿le quedó alguna impresión que no tuviera al inicio?

Siempre, es lo que sucede cuando uno participa en jornadas con gente de tanto nivel. Lo que pude percibir es la inmensa cantidad de puntos comunes en las dificultades, en las líneas estadísticas, en las tendencias.
Todo me hace concluir que “es difícil ser niño en América Latina”.
Con tanta cantidad de chicos trabajando, según la OIT el 11% de los chicos de nuestra América hace en condiciones de esclavitud. Y teniendo en cuanta la informalidad, la escasez de los datos, posiblemente ese número sea aún mayor.
Con la mortalidad infantil tan alta, 25 chicos cada 100.000 nacidos mueren por año en la región, frente a los 3 de los países nórdicos. La tasa de mortalidad infantil es 8 veces más alta.
Enfaticé mucho durante mi disertación las deficiencias educativas. El 66 % de los chicos más pobres no termina la escuela secundaria.

Resumiendo: la vulnerabilidad en temas de salud, el trabajo infantil, la desatención de sus derechos, las familias desarticuladas. Quedan excluidos del mercado de empleos, no tienen empleabilidad, retratan todo un sector: les estamos robando la infancia, el juego, el desarrollo social.

- ¿Y qué diferencias puede percibir entre nuestros países? ¿Hay lugares donde este panorama mejore?

En las sociedades más equilibradas, donde se amortiguan esas diferencias. Costa Rica es un ejemplo. La ciudadanía lleva décadas controlando el mercado económico, exigiendo garantías, aboliendo el gasto militar. Aumentando la inversión en salud y educación.
Eso ha generado que tengan una mortalidad más baja - este año, en medio de la crisis, bajó la tasa de mortalidad materna a 8.7, eso significa que es mejor que la de los EE.UU.-, que tengan más oportunidades. Son países con políticas sociales más agresivas, más concretas con a la inclusión.

Uruguay es otro caso. Posee la red preescolar más desarrollada; tienen allí el mayor porcentaje de chicos contenidos por la educación inicial de la región.
Brasil, con la “Bolsa Familia” implementada por el presidente Lula, ha permitido ayudar a 44 millones de personas. Con la llegada de la ayuda de la mano de cumplimiento de pautas de escolaridad de los niños, se ha incrementado significativamente el número de matrículas.
Chile, durante el período de Bachelet, con la implementación de la enorme cobertura de cuidado temprano, donde mujeres mayores quedan al cuidado de los niños mientras sus madres van al trabajo.

- ¿Qué podemos decir de la Argentina? ¿La Asignación Universal por Hijo ha mejorado la situación?

En la Argentina, la AUH es un avance muy importante en términos históricos y comparativos. Es lo mayor que se ha hecho, probablemente llegue a 2,5 o 3 millones de chicos, con un efecto de redistribución. Pero siempre prevengo: todo lo que se haga no alcanza.

Éste es el continente que produce tres veces el alimento que consume su población, sin embargo hay un 16% de desnutrición crónica.
El 48% delos chicos de Guatemala tienen hambre, y además cara indígena, lo que significa una doble discriminación: por edad y por la raza.
Hace pocos la FAO difundió que 2008 se obtuvo la segunda mejor cosecha de la historia, y al mismo tiempo murieron 5 millones de chicos por hambre. El número de personas hambrientas ha ido aumentando desde 1990 y en el último año, de 2008 a 2009, hay 100 millones más de hambrientos, lo que lleva la cifra de la FAO a 1.020 millones de personas con hambre.
Por eso, no basta con aumentar la producción de alimento. Es necesario además, tener políticas de ingreso.
En Guatemala, durante los últimos 20 años, el gasto destinado a las personas no alcanza al 10% del Producto Bruto, lo que significa un estado casi inexistente. En EE.UU. es el 30%. En los países nórdicos alcanza el 50%.

- ¿Por qué, frente a la contundencia de estos datos, no termina de anclar masivamente en la opinión pública esta necesidad de la inclusión?

La sociedad está ansiosa de respuestas por la seguridad, y está bien, ya que ha disminuido, evidentemente.
Por otro lado, hay una venta demagógica, probablemente con fines clientelares, de soluciones fáciles, de gatillo fácil; la sociedad está desconcertada.
Si le llegara información sistemática del cuadro de situación que describíamos antes, podría desarrollar otra mirada.

Ciudades más seguras, como pueden ser Boston, o San Francisco, han tenido un enfoque comunitario puro, una alianza entre empresarios, organizaciones no gubernamentales, funcionarios, organizaciones de los pobres (esto es muy importante), todos con un único fin: incluir.
Al discurso de la mano dura, le respondo siempre con otra imagen, la “mano extendida”.
La delincuencia tiene dos componentes básicos: grupos criminales organizados (como los circuitos de robos de autos, secuestros, drogas, etc.); y lo que llamo “delictualidad joven”. A este grupo pertenece el 20 % de los jóvenes. Son aquellos que están fuera de la educación, del trabajo, de la salud, están “fuera de todo”.

Estos chicos son fácilmente reclutados por el grupo anterior, el del crimen organizado.

-Imaginando por un momento, si consiguiera la suma del poder ejecutivo ¿cuáles serían sus primeras tres medidas?

Lo tengo muy claro:
* Más educación. Está probado con el aumento de ella la delincuencia disminuye.
* Más trabajo para jóvenes excluidos. Impulsar planes severos de inclusión en los primeros trabajos. Capacitarlos.
* Más familia. Las dos terceras partes de los delincuentes provienen de familias desarticuladas. Implementaría planes para protegerla en todos los sentidos. La familia es la institución inclusora por excelencia.

En América Latina la tasa de homicidios es 30 cada 100.000 habitantes por año. En Noruega es de 1 homicidio (NdeR: Noruega y Finlandia tienen, además, las menores proporciones de policías por habitantes). Los países nórdicos tienen inclusión social total.

Fuente: Es difícil ser niño en América Latina | infanciahoy.com