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La obstinacion convertida en politica (HIV/SIDA)

La obstinacion convertida en politica (HIV/SIDA)

  1. Médico Residente en Terapia Intensiva
    Avatar de Tincho
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    #1

    La obstinacion convertida en politica (HIV/SIDA)

    14 ENE 09 | Un presidente que no creía en el VIH
    Costos de no creer en la ciencia


    Durante su mandato como presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki rechazó el consenso científico.


    Clarin.com

    Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica hasta setiembre, desechó consultas con expertos y armó su política sanitaria sobre el sida a partir de sus extrañas e ignorantes convicciones. Es culpable, por omisión, de centenares de miles de muertos.

    Durante su mandato como presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki rechazó el consenso científico acerca de que el sida es causado por un virus, el VIH, y que los medicamentos antirretrovirales pueden salvar las vidas de los seropositivos. En lugar de ello, abrazó los puntos de vista de un pequeño grupo de científicos disidentes que sugerían otras causas para el sida.

    Mbeki siguió manteniendo tercamente esta opinión a pesar de que la evidencia contra ella se fue haciendo abrumadora. Cada vez que alguien -incluso Nelson Mandela, el heroico luchador de la resistencia contra el apartheid que se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica- cuestionó públicamente los puntos de vista de Mbeki, sus partidarios lo denunciaban con saña. Mientras Botswana y Namibia, vecinos de Sudáfrica, proporcionaban antirretrovirales a la mayoría de sus ciudadanos infectados por VIH, no ocurría así en la Sudáfrica gobernada por Mbeki.

    Un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard ha estudiado las consecuencias de esta política. Utilizando supuestos conservadores, estima que si el gobierno de Sudáfrica hubiera proporcionado los medicamentos adecuados, tanto a pacientes con sida como a mujeres embarazadas con riesgo de infectar sus bebés, se habrían evitado 365.000 muertes prematuras. Esa cifra es un indicador revelador de los altísimos costos de rechazar la ciencia o hacer caso omiso de ella. Es comparable con las pérdidas de vidas ocurridas en el genocidio de Darfur, y representa cerca de la mitad de víctimas de la masacre de tutsis en Ruanda en 1994.

    Uno de los incidentes más importantes que dieron forma al rechazo mundial al régimen segregador sudafricano fue la masacre de Sharpeville en 1961, en que la policía disparó contra una muchedumbre de manifestantes negros, matando a 69 e hiriendo a muchos más. Mbeki, al igual que Mandela, luchó activamente contra el apartheid. Sin embargo, el estudio de Harvard muestra que es responsable de las muertes de 5000 veces más sudafricanos que la policía sudafricana blanca que disparó en Sharpeville.

    ¿Cómo juzgar a un hombre así? En su defensa se puede decir que no tenía la intención de matar a nadie. Parece haber creído genuinamente -quizás todavía lo cree- que los antirretrovirales son tóxicos.También podemos conceder que Mbeki no tenía malas intenciones contra quienes sufren de sida. No deseaba hacerles daño y, por esa razón, deberíamos juzgar su carácter de manera diferente a quienes sí tienen ese fin, ya sea por odio o para beneficiar sus propios intereses. Sin embargo, las intenciones no bastan, especialmente cuando hay tanto en juego. Mbeki es culpable, no por haber adoptado inicialmente una visión sostenida por una ínfima minoría de científicos, sino por haberse aferrado a ella sin permitir que se la sometiera a prueba en un debate justo y abierto entre expertos.

    Cuando el profesor Malegapuru Makgoba, el principal inmunólogo negro de Sudáfrica, advirtió que las políticas del presidente harían de Sudáfrica el hazmerreír del mundo científico, la oficina de Mbeki lo acusó de defender ideas occidentales racistas.

    Desde la salida de Mbeki en septiembre, el nuevo gobierno sudafricano de Kgalema Motlanthe ha dado rápidos pasos para implementar medidas eficaces contra el sida. El ministro de salud de Mbeki, que se hizo conocido por sugerir que el sida se podía curar mediante ajo y jugo de limón, fue despedido raudamente. La tragedia es que el Congreso Nacional Africano, el partido político predominante de Sudáfrica, dependía tanto de Mbeki que no se le opuso, como debería haber sido.
    Las lecciones de esta historia son aplicables en los momentos en que la ciencia es pasada por alto en la formulación de políticas públicas. Esto no significa que siempre que haya una opinión mayoritaria en la comunidad científica, ésta será correcta. La historia de la ciencia muestra claramente lo contrario.

    Como los demás seres humanos, los científicos pueden ser influidos por una mentalidad de rebaño y el temor a verse marginados. El error culposo, especialmente cuando hay vidas en juego, no es estar en desacuerdo con los científicos, sino rechazar la ciencia como método de investigación.

    Mbeki debe de haber sabido que, si sus opiniones poco ortodoxas acerca del sida y la eficacia de los antirretrovirales fueran incorrectas, sus políticas terminarían conduciendo a una gran cantidad de muertes innecesarias, y saber eso lo ponía bajo la mayor obligación de permitir que toda la evidencia se presentara y examinara de manera equitativa, sin temores ni favoritismos. Puesto que no fue así, Mbeki no puede eludir la responsabilidad de cientos de miles de muertes.

    Ya seamos personas individuales, jefes de grandes empresas o líderes de gobierno, hay muchas áreas en las que no podemos saber lo que debemos hacer sin contar con un cuerpo de evidencia científica que nos sirva de guía. Mientras más responsabilidad tengamos, hay mayores probabilidades de que sean trágicas las consecuencias de tomar una decisión errónea.


    Copyright Clarín y Project Syndicate, 2009.



    Genocidio sanitario

    La política de Suráfrica contra el uso de fármacos antirretrovirales causó 365.000 muertes por sida.


    JOHN CARLIN
    EL PAÍS

    Hay diferentes formas de llevar a cabo una matanza. Con bombas, colocadas por terroristas o lanzadas desde aviones; con muertes indiscriminadas, a punta de rifle o de machete; o mediante ejecuciones masivas. También hay aniquilamientos por omisión.

    Si a un paciente con neumonía el médico le receta, en vez de los antibióticos indicados, una zanahoria al día, el paciente morirá. Si un Gobierno, regido por una feroz oposición al uso de antibióticos, estableciera por ley que la única respuesta apropiada a la enfermedad fuera la zanahoria, provocaría una epidemia mortal.
    Esto, aplicado al sida, es lo que ha ocurrido en Suráfrica bajo el Gobierno de Thabo Mbeki, presidente desde 1999 hasta hace dos meses. Un estudio de la Universidad de Harvard publicado la semana pasada dice que como consecuencia de la política sanitaria de Mbeki murieron 365.000 personas de manera innecesaria, entre 2000 y 2005. La cifra, insisten los científicos que redactaron el informe, es conservadora.
    Debido a la negativa de Mbeki, en contra de la ortodoxia médica mundial, de aceptar la conexión entre el sexo y el sida, el presidente surafricano se negó a promover el uso de medicamentos antirretrovirales, utilizados con gran efectividad no sólo en Occidente sino también en países vecinos africanos. También se negó a fomentar el uso de fármacos que impiden la transmisión del virus VIH, causante del sida, de mujeres embarazadas a sus hijos. El Gobierno de Mbeki fue incluso más lejos. Su ministra de Salud de Mbeki, Manto Tshabalala-Msimang, ayudó a difundir la idea de que los antirretrovirales eran malos para la salud; que más efectivo sería el consumo diario de remolacha y ajo.

    Max Essex, el virólogo que dirigió el estudio de Harvard, declaró que la respuesta al sida bajo la presidencia de Mbeki representaba "un caso de mala, por no decir malvada, salud pública". Zackie Achmat, líder de un movimiento nacional surafricano que aboga por los derechos de pacientes con sida, ha dicho que del mismo modo que a un médico se le puede procesar si un paciente muere por negligencia, Mbeki debería de responder ante un tribunal acusado de múltiples "crímenes".

    Durante los casi 10 años de Gobierno de Mbeki murieron del sida 1,5 millones de personas. Cada año que estuvo en el poder la expectativa de vida en Suráfrica bajó. Sin embargo, Mbeki declaró en una entrevista en Nueva York en 2003 que no conocía a nadie que hubiera muerto de la enfermedad. Preguntado en otra ocasión por la televisión surafricana si se haría la prueba del sida, cosa que la casi totalidad de la comunidad médica exigía que hicieran todos los ciudadanos adultos del país, Mbeki contestó que no.

    Así como las grandes matanzas, o los genocidios de la historia, tienen sus orígenes muchas veces en los complejos o confusos o perversos mecanismos mentales de un individuo, la teoría más generalizada en Suráfrica es que las muertes innecesarias del sida emanan de un rincón remoto y oscuro del cerebro de Mbeki, un hombre por lo demás inteligente y capaz. ¿Qué le pasa a Mbeki, que en una ocasión humilló a su antecesor, Nelson Mandela, en público por cuestionar su política contra el sida? ¿De dónde viene esta locura? se preguntan continuamente los surafricanos.

    La teoría más habitual, alimentada por el autor de una magistral biografía del ex presidente llamado Mark Gevisser, es que Mbeki sufre un extraño complejo. Siente una desorbitada admiración por la cultura de Occidente, donde estudió y pasó gran parte de un largo exilio. Pero tiene una actitud ambigua hacia su condición de africano que combina un declarado orgullo con un autodesprecio oculto. El reconocer que el virus del sida proviene de la actividad sexual nutre, según esta interpretación de la psicología de Mbeki, un concepto occidental de los africanos como gente primitiva, sexualmente voraz. Mbeki se delató en 2001 cuando escribió una carta furiosa a un respetado inmunólogo surafricano a favor de la medicación antirretroviral, William Makgoba, acusándole de defender la ciencia occidental "y sus ideas racistas".

    Afortunadamente para Suráfrica, los actuales gobernantes no comparten ni los complejos de Mbeki ni su visión de lo que le corresponde hacer al sistema de salud pública. El primer día que el nuevo presidente, Kgalema Motlanthe, asumió el poder despidió a la ministra de salud de Mbeki y la remplazó con Barbara Hogan. En una entrevista reciente, Hogan dijo: "Me avergüenzo de tener que reconocer que lo que dice el estudio de Harvard es verdad". Y agregó: "La era de la negación del sida ha acabado para siempre en Suráfrica".

    http://www.intramed.net/actualidad/c...tenidoID=57852
    Para recordarnos que, a veces, la estupidez escribe politicas nacionales.


    Life does not cease to be funny when people die any more than it ceases to be serious when people laugh. -George Bernard Shaw
  2. Avatar de AlexTwain
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    #2
    Que triste, ver que un presidente sólo se deja llevar por los supuestos de una minoría, cuando la solución hasta ahora está en los retrovirales. Muy buenos articulos, no sabía que este ex presidente tenía esta politica.
  3. Avatar de ZeKKi
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    #3
    El tema es cuando el presidente de un país acusa creerle a la minoría para recortar gastos sanitarios de la población donde justo esa enfermedad es endémica.


    ¿O me van a decir que acaso creen que el presidente este realmente estaba convencido en los argumentos de una minoría o que actuaba bajo creencias personales?
    Editado por ZeKKi en 18-Jan-2009 a las 03:13 PM
    See one, Do one, Teach one.
  4. Avatar de Diphyllobothrium
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    #4
    Es increíble como a estas alturas, un sujeto con alto grado académico y una vasta experiencia en la defensa de derechos, pueda mantener este tipo de postura. Por más que sus intenciones no hayan sido malas, el hecho de cambiar a un sistema que da resultados (pobres, pero resultados al fin) por otro que, por el momento, no es más que la locura de unos cuantos, es una falacia total. Uno debe hacer lo que sabe hacer.

    Ya lo decía en sus reflexiones un escritor francés:
    "Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse."
  5. Avatar de Titi
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    #5
    Que tristeza leer esto.
  6. Avatar de AlexTwain
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    #6
    Citar Originalmente publicado por Diphyllobothrium Ver post
    Ya lo decía en sus reflexiones un escritor francés:
    "Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse."
    Buen dicho, ya lo había escuchado antes. Aplica a éste y a bastantes casos que vivimos en la cruda actual realidad

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