En la ciudad de Buenos Aires, las aguas residuales provenientes de los centros hospitalarios se desechan en el sistema cloacal del municipio, y éste a su vez, recibe un mínimo tratamiento previo antes de ser vertido en el Río de la Plata, fuente principal de abastecimiento de agua potable para millones de habitantes.


Esta cuestión preocupó a investigadores de la Cátedra de Higiene y Sanidad quienes decidieron estudiar el impacto que puede producir la carga microbiana, así como los productos tóxicos y genotóxicos que podrían contener estos vertidos. Para ello analizaron, en primera instancia, las características que tienen los residuos vertidos por el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires. Muy probablemente, los resultados que obtuvieron al analizar los residuos de este centro de salud puedan ser extrapolados a las demás instituciones hospitalarias.

“Determinamos que el efluente no es siempre igual en su composición ni en su toxicidad a lo largo del día y tampoco durante los diferentes días de la semana, puesto que depende de las rutinas del hospital”, explicó el doctor Juan Agustín Moretton, profesor titular de esa cátedra.

Posteriormente, los investigadores estudiaron la genotoxicidad de base de los efluentes para analizar el efecto sobre la molécula de ADN. “Para este objetivo utilizamos el test de Ames y el test de levaduras, que son métodos tradicionales, muy probados y, en consecuencia, confiables”, señaló Moretton profesor titular de la Cátedra de Higiene y Sanidad y director del grupo de investigación integrado por Lidia Nuñez, Marta Paz, Natalia Balbis, Carina Tornello y Anahí Magdaleno.

La genotoxicidad de los efluentes puede provenir de los citostáticos, los solventes y los residuos de medicamentos utilizados rutinariamente en las prácticas hospitalarias. “Pero sólo en los efluentes crudos o en sus extractos. Sin embargo, cuando los efluentes se diluyen, los niveles de toxicidad se encuentran reducidos, con lo que no representarían un riesgo alarmante de contaminación de los cursos de agua donde estos residuos son vertidos. Aunque, por supuesto, también debiéramos evitar hasta la más mínima posibilidad de arrojar al medio ambiente residuos inadecuados”, señala Moretton.

Al realizar esta serie de estudios los investigadores encontraron que el contenido microbiano general de los residuos hospitalarios es menor que el de los efluentes comunes, y estos datos coinciden con los resultados obtenidos en estudios similares realizados en Europa y algunos países de América Latina. “Pero - relata el investigador de la FFyB- también encontramos que el contenido de microorganismos patógenos es notablemente mayor; esto equivale a decir que se encuentra menor cantidad de bacterias pero que las que perviven son significativamente más patógenas”. También en los efluentes hospitalarios hallaron una mayor cantidad de bacterias resistentes a los antimicrobianos (desinfectantes y los antibióticos).

Ahora bien, los resultados obtenidos señalan que quien sí corre riegos es el personal de los centros hospitalarios que toma contacto directo con los efluentes crudos, por ejemplo el personal de maestranza. “En sus tareas cotidianas el personal de maestranza, pongamos por caso los plomeros de un hospital, pueden no solamente estar expuestos ellos mismos a esos microorganismo patógenos, sino que además son capaces de movilizarlos hacia cualquier lugar del centro de salud. Máxime que, por razones de obsolescencia de las estructuras edilicias de los hospitales, no es raro encontrar que una tubería que debe ser reparada puede estar emplazada incluso dentro de una sala de internación”, relata Moretton.

El trabajo realizado tiene como objetivo ser una referencia para orientar la normatización de procedimientos que conduzcan a la correcta deposición de los vertidos de aguas residuales. “Así, por un lado --concluye Moretton— es importante analizar el riego potencial del agua residual para los seres que están expuestos a ellas; y también, por otro lado, los resultados permitirían establecer las bases para un monitoreo ambiental que tenga en cuenta los efectos infecciosos, tóxicos y genotóxicos que pueden generarse en las complejas mezclas que se forman en los efluentes cloacales provenientes de los centros de salud”.



Redacción: Amalia Beatriz Dellamea

Facultad de Farmacia y Bioquímica