Investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA trabajan junto con profesionales de los Hospitales de Clínicas y Garrahan, estudiando el fenómeno de resistencia a las drogas. Los resultados permitirán mejorar la eficacia de los tratamientos con antivirales, como los que intentan contrarrestar al HIV.

Investigadores de esta Facultad, en colaboración con profesionales del Hospital Garrahan y del Hospital de Clínicas estudian una proteína de las membranas de las células que extrae la droga destinada a aniquilar al virus HIV, debilitando así las posibilidades de éxito terapéutico. Estas proteínas se dedican a sacar de las células a las moléculas de los fármacos, razón por la que los investigadores intentan develar sus mecanismos de acción para contrarrestar los efectos negativos y mejorar las terapias.

“Se trata de la glicoproteína P (PGP), miembro de una familia de proteínas que actúan como transportadores de eflujo, es decir, cumplen una función de extrusión: sacan moléculas xenobióticas del interior de las células”, explica el Dr Modesto Rubio, Director del Instituto de Investigaciones Farmacológicas (ININFA), Instituto UBA-CONICET que funciona en esta Facultad.

Se considera xenobiótica a toda sustancia externa al organismo, que puede ser natural o sintética y que produce un efecto. Esta definición excluye los alimentos. Obviamente, las drogas pertenecen a esta categoría, tan así es que las glicoproteínas P las reconocen como extrañas y las sacan para neutralizarlas.

“Estas glicoproteínas tienen muy amplia distribución en el organismo, están localizadas en los lugares donde hay que controlar el ingreso o la pérdida de sustancias. Por ejemplo, el intestino, el hígado, los pulmones, los riñones y la placenta”, señala el doctor Rubio, profesor titular del Departamento de Farmacología. “También, agrega el experto, se sitúan en los tejidos que regulan el ingreso de drogas al cerebro”.

En consecuencia, estas proteínas se dedican a extraer moléculas de muy diferentes drogas, como los citostáticos, los antivirales, los digitálicos, los vasodilatadores, las drogas activas sobre el sistema nervioso central y algunos antibióticos.

Debe destacarse que estas glicoproteínas podrían estar representando una especie de dilema esquizofrénico: por un lado, podrían proteger al organismo ya sea para impedir el ingreso de sustancias tóxicas indeseadas, o bien para ayudar a su eliminación; pero, por otro lado, podrían limitar la eficacia de distintos tratamientos terapéuticos, como en este caso.

Para conocer el “modus operandi” de estas proteínas, que pueden funcionar negativamente al disminuir los niveles intracelulares de fármacos activos, el equipo de investigadores estudió adultos voluntarios sanos para medir los niveles de la glicoproteína en linfocitos (células sanguíneas defensivas) que se utilizan como marcadores de la actividad de las PGP en el organismo.

“Encontramos que la población no es homogénea, es decir que registra variabilidad en la expresión de esta glicoproteína. Hallamos que, alrededor del 70 % de las personas registra baja actividad de esta proteína, y que el otro 30 % en cambio, exhibe mayor actividad”.

Esta observación permitirá ajustar las dosis de los antivirales, ya que si se tratare de una persona con alta actividad de las PGP, la dosis del medicamento deberá ser mayor para equilibrar la cantidad de moléculas que logran ingresar en el organismo y en las células para ejercer su acción terapéutica.

La glicoproteína P fue conocida por los investigadores hace poco más de dos décadas. “Se trata de una proteína ancestral, sumamente antigua en el proceso evolutivo. Así se las encuentra desde las bacterias hasta el ser humano”, dice Rubio.

El equipo de investigadores y profesionales del Hospital Nacional de Pediatría “Juan P. Garrahan” también estudia la acción de estas glicoproteínas en niños infectados con HIV. “En niños la terapia antiviral presenta mayores complicaciones, requiere efectuar mediciones sanguíneas frecuentes y una cuestión central es la falta de cumplimiento de los tratamientos indicados”, relata Rubio. A lo que hay que sumar la necesidad de efectuar seguimiento para conocer en detalle las características de la PGP en estos pacientes. Se trata de buscar de qué manera los niveles de esta proteína en los niños modifican los niveles plasmáticos de los antivirales y determinan fuertemente la eficacia de los medicamentos. “En estos estudios, analizamos cómo funcionan las terapias con antivirales tales como las drogas ritonavir, saquinavir y nelfinavir”, precisa el experto.

Los investigadores darán otro paso en la investigación, analizarán la expresión de la glicoproteína en células del intestino. “Para ello las estudiaremos en tejidos extraídos a pacientes a quienes se le realizan biopsias”.

El objetivo es comparar los resultados que estuvieron obteniendo mediante el análisis de linfocitos, que como se recordará, son células que se utilizan como marcadores, para asegurarse de que en el intestino, lugar privilegiado de absorción de las drogas, la glicoproteína P se comporta de la misma manera. “Lograremos así, concluye Rubio, desarrollar a partir de nuestros resultados una estrategia clínica que permita mejorar sensiblemente las terapias antivirales en casos de lucha contra el HIV, pero también con otros agentes patógenos”



Redacción: Amalia Dellamea

Facultad de Farmacia y Bioquímica