El número de suicidios empezó a aumentar en Europa en 2008, incluida España, después de haber estado disminuyendo durante la última década.
Los suicidios vinculados a la crisis económica en Europa refuerzan la noción de que la salud mental ha de ser protegida y preservada desde las instituciones públicas, especialmente en situaciones extremas.

Según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España en 2010 hubo un suicidio por cada 100 defunciones, lo que lo convirtió en la primera causa externa de muerte por encima de los accidentes de tráfico.

Si previamente a la crisis los estudios en la población mundial apuntaban a que tres de cada cuatro personas sufrirían problemas de salud mental en algún momento de su vida, la presión añadida generada por la crisis ha disparado todos los sensores de alarma.

Son numerosos y contundentes los estudios científicos publicados que así lo avalan, como el dado a conocer en abril del presente año, en The European Journal of Public Health, donde se analizaba las consecuencias de la crisis socioeconómica sobre la salud mental de los españoles y cuyos resultados muestran significativamente cómo con la recesión ha aumentado la frecuencia de los trastornos mentales y el abuso de alcohol, especialmente entre el tercio de encuestados que sufría desempleo y dificultades en el pago de la hipoteca.

Entre sus resultados se indica que en los últimos cinco años han aumentado un 19,4% los casos de depresión y un 10,8% la incidencia de distimia, un trastorno depresivo crónico. Los problemas de ansiedad aumentaron un 8,4%, los de somatización, un 7,3% y los ataques de pánico un 6,4%. También crecieron la dependencia y el abuso de alcohol, un 4,6% y un 2,4% respectivamente. El único resultado no significativo fue el de los desórdenes alimentarios, que solo crecieron un 0,15%.

Este estudio también revela que, entre varones de 40 años con características similares, la incidencia de la depresión se duplica entre los desempleados con otro miembro de la familia en paro y problemas para llegar a final de mes.

Aunque los desempleados no son los únicos perjudicados, ya que los trabajadores que conservan su puesto también sufren niveles de estrés y ansiedad significativos. Como afirma David Stuckler, de la Universidad de Cambridge y coordinador de la investigación: "El miedo a perder el empleo puede ser peor que perderlo".

Los profesionales de la salud mental en Europa advierten que las secuelas psicológicas de la crisis podrían ir más allá, comprometiendo incluso la capacidad del sistema de salud pública si no son previstos y abordados con racionalidad. Otra de las autoras de este relevante estudio, la doctora Margalida Gili, puntualiza que "aunque la administración debe hacer un gran esfuerzo en recortar el gasto, habría que distinguir bien los recortes que pueden devenir en un aumento del gasto a medio plazo". Según su estudio, "las reducciones de personal en el apoyo social y en la primera línea de los servicios de salud podrían empeorar los riesgos de salud mental entre las poblaciones más vulnerables".

Opinión que compartimos la práctica totalidad de los que trabajamos en el ámbito de la salud; es ahora, justamente ahora, cuando las instituciones públicas de la isla de La Gomera deben ser más sensibles y fortalecer la atención sociosanitaria en Salud Mental para dar el apoyo necesario a una población cada vez mas pauperizada y emocionalmente vulnerable. El tratamiento y atención clínica de urgencia es crucial para abastecer, a los cada vez más numerosos pacientes, de estrategias que les permitan afrontar estas situaciones problemáticas, así como atenderles inmediatamente y sin demoras en los momentos de crisis, momentos que marcarán su posterior evolución.

Fuente: Crisis, suicidios y salud mental — GomeraVerde - Periódico decano de La Gomera.