La prevalencia de la lepra ha disminuido, es curable y con tratamiento farmacológico se puede detener el contagio rápidamente, pero los especialistas insisten en recordar que todavía existe y que es muy importante la detección precoz para evitar que deje secuelas en quienes la padecen y para frenar la transmisión a los convivientes, quienes están más en riesgo.

La lepra ha generado muchos mitos y hasta inspiró narraciones de ficción que reprodujeron y multiplicaron errores, además de actitudes de discriminación.

La sensibilización y educación para la detección involucra a pacientes, pero principalmente a médicos, porque los primeros síntomas pueden pasar desapercibidos. Por un lado, son las manchas en la piel, que son de un tono rosáceo, pero no provocan mayores molestias y pueden confundirse con cualquier otro cuadro dermatológico, lo que retarda la visita al especialista. Inclusive, pueden pasar desapercibidas para los propios médicos que se han olvidado de esta patología, indica Javier Consigli, representante de la Sección Córdoba de la Sociedad Argentina de Dermatología. “El pilar fundamental de prevención es el médico, que es quien habitualmente hace el diagnóstico, porque es muy difícil que el paciente lo detecte, salvo que tenga familiares con lepra, porque la familia es el ámbito de contagio más común”, manifiesta Consigli. Añade que, además de hacer la detección, debe contactar a los familiares del afectado, para evitar la propagación, ya que el contagio es de persona a persona.

“En materia de prevención, lamentablemente no tenemos la principal arma, que es la vacuna, pese a que hace tantos años que se está trabajando en ella”, opina Juan Ripoll, del Dispensario Dermatológico Dr. Guillermo Basombrio. “La mejor prevención es la detección precoz y la terapéutica adecuada. Por eso recordamos a los colegas que la lepra existe y es una enfermedad infecto-contagiosa”.

Alteraciones

La patología causa alteraciones de los nervios periféricos, fundamentalmente los que comandan las manos y los pies –precisa Ripoll– lo que ocasiona trastornos que comienzan con una pérdida de sensibilidad, siguen con problemas motrices y termina con la atrofia, lo que convierte a la enfermedad en invalidante. Al comienzo, el paciente puede sentir hormigueo, pesadez en los miembros, inclusive puede quemarse sin darse cuenta, y lo ideal es que concurra al consultorio cuando lo advierta, no automedicarse con cremas. Pero la detección precoz –enfatiza– debe ser hecha por el médico, porque la patología es muy solapada en sus comienzos.

“La enfermedad se contagia de persona a persona, a través de la emisión de bacterias y es altamente contagiosa pero de bajo poder patógeno; entre el 85% y el 90% tiene defensas naturales contra la lepra”, añade Ripoll. Por su parte, Consigli puntualiza que la enfermedad es de contagio muy lento “se necesita mucho tiempo de convivencia para la diseminación”.
Ripoll recuerda que es tomada como una enfermedad bíblica, pero quizá no todos los casos que se consideraban lepra lo eran. “Antes era un cajón de sastre donde entraban muchas enfermedades, recién en 1873 se descubre el agente etiológico”, ilustra.

Mientras que antes el contagio se frenaba aislando a los enfermos físicamente, en leprosarios o hasta pueblos e islas enteros, actualmente se detiene químicamente. “El aislamiento químico reemplazó al físico”, dice Ripoll. Afirma que entre las 24 y 48 horas de tratamiento el paciente deja de contagiar, que los casos más leves pueden curarse a los seis meses y, los más graves, entre uno y dos años.

Consigli indica que el tratamiento farmacológico es por vía oral. “Se usan antibióticos muy específicos de vía oral y el tratamiento es gratuito para toda las personas”, destaca.
Una rápida búsqueda en Internet de información sobre lepra todavía devuelve imágenes de enorme deterioro, pero Consigli afirma que actualmente no es lo que más se observa. “Hoy, es muy raro ver esas imágenes terribles. Antes, como todas las enfermedades bacterianas, producían bastante alteración, hoy gracias a los tratamiento sencillos es posible detener más rápido su avance”.
La Organización Mundial de la Salud tiene metas que buscan minimizar su presencia, que todavía es importante en determinadas regiones del mundo –como Brasil o la India– y, dentro del país, en regiones cálidas y húmedas: principalmente la mesopotamia y, en menor medida, en Formosa, Chaco y Buenos Aires (por la presencia de personas de todo el país).