(Segun Bioética)
Colaboración médica al suicidio del paciente, generalmente aportándole medicamentos en dosis suficiente como para provocarle una muerte sin dolor. Se diferencia de la eutanasia en que el médico no aplica personalmente dichos medios. Paradójicamente, su práctica no lleva al suicidio del paciente en la mayor parte de los casos, sino que le aporta la tranquilidad de que, en caso de empeorar su enfermedad, tendrá un recurso a mano. Una petición de ayuda al suicidio por parte del enfermo suele desvelar un sufrimiento inadecuadamente tratado. Así, es frecuente que el médico tenga miedo (injustificado) a recetar morfina; escatimarla es un error muy común, que solo produce sufrimientos inútiles.
(Segun Bioética)
f. Acción u omisión que pretende como objetivo la muerte del paciente, normalmente por compasión, para terminar con sus sufrimientos o con los de la familia. La Asociación Médica Mundial condenó esta práctica en 1987 como contraria a la ética médica. Nunca es necesaria, pues la medicina siempre tiene recursos para aliviar (ver alivio) y apoyar (ver apoyo moral) al paciente, de modo que sus últimos momentos sean siempre tolerables (ver cuidados paliativos). Se suele practicar, más que por sufrimientos físicos del enfermo, por la existencia de limitaciones crónicas (ver calidad de vida) o por la carga psicológica que supone para la familia el tener que sufrir viendo a su ser querido cada vez más limitado y decaído.
(Segun Medicina legal)
f. Muerte provocada por cualquier medio a un moribundo, cuya curación se considera imposible, teóricamente con consentimiento de este, al objeto de evitarle sufrimientos.