Cada año mueren en el mundo más de 14 millones de personas a causa de enfermedades infecciosas y parasitarias. El 97% de estas muertes (más de 13,5 millones de personas al año) se produce en los países en vías de desarrollo, por falta de acceso a medicamentos.

Médicos Sin Fronteras (MSF) ofrece tratamiento contra estas enfermedades en sus proyectos, pero es testigo a diario de muertes evitables en más de 75 países, donde los medicamentos son demasiado caros o simplemente no existen. La falta de acceso a medicamentos trasciende el ámbito médico o de la salud. Supone también un problema social, económico, político y ético.

Para hacer frente a esta situación, y como complemento a la acción médica sobre el terreno, MSF emprendió en 1999 la Campaña para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). Entre otras actividades, la campaña denuncia las consecuencias de la falta de acceso en los países más pobres y trabaja con diversos organismos en la búsqueda activa de soluciones.

Objetivos principales:

- Hacer asequibles para todos los pacientes y todos los países los nuevos medicamentos esenciales, vacunas y medios diagnósticos, estableciendo precios equitativos y asegurando la producción de aquellos cuya fabricación ha sido, puede ser abandonada, o es discontinua.

- Favorecer la aplicación de acuerdos comerciales a favor del acceso a medicamentos, presionando a los organismos internacionales (OMS, OMC, UE, etc.) e informando a los gobiernos sobre las graves consecuencias que algunas cláusulas de dichos acuerdos tienen sobre los precios de los medicamentos.

- Estimular la investigación y desarrollo (I+D) de nuevos medicamentos, vacunas y medios diagnósticos para enfermedades olvidadas.



Enfermedades olvidadas, ¿por quién?

Cuando hablamos de enfermedades olvidadas nos referimos a aquellas que tienen una incidencia alta, que se producen mayoritariamente en países en desarrollo y que, a pesar de afectar a millones de personas, su tratamiento es caro, ineficaz o inexistente.
La enfermedad de Chagas, la enfermedad del sueño, la leishmaniasis, la malaria, la tuberculosis o la pandemia del SIDA parecen haber caído en el olvido de la comunidad internacional.

La falta de voluntad política tanto de gobiernos de países ricos como de países afectados, unida a intereses comerciales internacionales y al afán de lucro de grandes empresas farmacéuticas, hacen que el panorama para millones de enfermos sea desolador:



¿Patentes o pacientes?

El titular de la patente de un medicamento puede vender este producto al precio que él decida durante la duración de la patente, normalmente 20 años. Pero el elevado precio de un medicamento puede ser cuestión de vida o muerte para un paciente y suponer extraordinarios gastos farmacéuticos para los gobiernos de los países en desarrollo.

Las normas que rigen las patentes farmacéuticas forman parte del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) de la Organización Mundial del Comercio (OMC), firmado en 1994. El acuerdo incluye salvaguardas que los países pueden utilizar para que las patentes no limiten el acceso a medicamentos. Por ejemplo, en ciertas circunstancias, los países pueden permitir la producción o importación de medicamentos genéricos sin el consentimiento del titular de la patente o buscar la versión más barata del medicamento de marca en el mercado global.

MSF aboga por la promulgación de legislaciones nacionales que ofrezcan la máxima flexibilidad, de modo que las patentes no resulten un obstáculo para “promover el acceso a medicamentos para todos” (Declaración relativa al acuerdo sobre los ADPIC y la salud pública, adoptada en la reunión ministerial de la OMC en Doha, 2001).

MSF también reclama a los gobiernos que no incluyan los derechos de propiedad intelectual en los acuerdos comerciales bilaterales o regionales negociados entre países. Estos acuerdos imponen una protección de las patentes más severa de la requerida por el Acuerdo sobre los ADPIC y ponen obstáculos adicionales a la utilización de los medicamentos genéricos, más baratos.


La salud no es un negocio

Las enfermedades que afectan y matan a millones de personas cada año en los países en desarrollo han recibido muy poca atención por parte de las empresas farmacéuticas, que buscan beneficios económicos en los países ricos. A esto se añade la pasividad tanto de gobiernos como de la comunidad internacional a la hora de promover la investigación y desarrollo de nuevos tratamientos.

De los 1.393 nuevos medicamentos aprobados entre 1975 y 1999, sólo 11 fueron desarrollados específicamente para enfermedades tropicales. Los países en desarrollo, aunque agrupan al 80% de la población mundial, sólo suponen el 20% de las ventas mundiales de medicamentos. Esto explica que apenas el 10% del total de la investigación sanitaria esté dedicada a dolencias que representan el 90% de la carga de enfermedad mundial.

Ante tal desequilibrio, en julio de 2003, MSF se unió al esfuerzo de la OMS y cinco prestigiosos institutos de investigación públicos y privados para crear la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas – en inglés, Drugs for Neglected Diseases Initiative (DNDi).

La DNDi es una organización independiente sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es desarrollar nuevos medicamentos para combatir enfermedades olvidadas, sensibilizar sobre esta necesidad, y usar y reforzar las capacidades de Investigación y Desarrollo (I+D) existentes en los países más afectados por estas dolencias.

Iniciativas como ésta pueden ayudar, pero no reemplazar los esfuerzos de los gobiernos por cubrir las necesidades médicas de las poblaciones de los países en desarrollo. Mientras tanto, MSF continuará desempeñando un papel activo en la DNDi, abogando por incrementar la I+D de enfermedades que afectan a los países más pobres, apoyando el desarrollo de medicamentos en función de las necesidades, y participando en la definición de investigaciones para enfermedades olvidadas.


¿Qué se ha conseguido?

Desde 1999, la Campaña para el Acceso a Medicamentos Esenciales de MSF ha ejercido una importante presión política y social en el plano internacional y nacional que se ha traducido en numerosos logros:

En abril de 2001 tiene lugar el juicio que enfrenta al Gobierno de Suráfrica con 39 compañías farmacéuticas, las cuales se oponen a la ley del medicamento de 1997 que garantiza el acceso a medicamentos esenciales a su población. Ante la masiva movilización internacional, las empresas retiran la demanda.
En noviembre de 2001 la declaración de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) da luz verde a la interpretación y aplicación de los acuerdos de comercio a favor de la salud pública.
Reinicio de la producción de medicamentos para la enfermedad del sueño que garantiza un stock suficiente para 5 años.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) modifica en 2002 los criterios de inclusión de medicamentos en la lista modelo de medicamentos esenciales. Hasta entonces, uno de los criterios era el precio, lo que dejaba fuera a los antirretrovirales.
Puesta en marcha del Programa de Precalificación de la OMS, que evalúa la calidad, seguridad y eficacia de productos farmacéuticos de todo el mundo. Esto facilita a los países pobres la compra de medicamentos genéricos de calidad.
En julio de 2003 se lanza una iniciativa para la investigación y desarrollo de medicamentos para enfermedades olvidadas (DNDi), con participación activa de MSF.
El precio de la triterapia para el VIH/SIDA se reduce de 10.000 -15.000 dólares por persona y año (2001) a 250 dólares por persona y año (2004).
La comunidad internacional reconoce públicamente que los fármacos antimaláricos, utilizados en combinación, frenan la aparición de resistencias, y que aquellos países con resistencia deben cambiar sus protocolos de tratamiento.
El Gobierno del Estado español impulsa el Plan de Acción de la Unión Europea para el SIDA, la malaria y la tuberculosis. En la actualidad, la estrategia de salud de la cooperación española incluye un apartado específico sobre acceso a medicamentos.