Estudiantes de Medicina
Ahora saben bien lo que es un enfermo
Este año egresa la primera camada de médicos que hizo la Práctica Final Obligatoria. El proceso se inició en 2002.

Rosa Bertino
Periodista


“Con tal que no me toque un doctor recién recibido”, es una invocación proverbial, cuando se baraja la posibilidad de sufrir una descompensación, accidente o apéndice agudo. Las estructuras académicas o sanitarias hicieron que, durante años, los futuros médicos tuvieran escaso contacto directo con los pacientes y con la rutina hospitalaria. A las enfermedades las aprendían de boca del profesor, en los prácticos y memorizando cientos de páginas.

Al igual que muchas carreras de grado, Ciencias Médicas adoleció largamente de la falla consistente en formar brillantes teóricos con poca experiencia. En el caso de Medicina, salvo que el estudiante se propusiera ser ayudante de cátedra, concurrir a guardias o servicios (siempre ad honorem) o ganarse unos pesos tomando la tensión o poniendo inyecciones, lo corriente era que egresara sin haber visto más enfermos que a sus parientes o amigos. Se daba por sentado que, con el título bajo el brazo, ingresaría a una residencia y por fin aprendería a ejercer.

El panorama ha variado sustancialmente. Este año egresa la primera camada de alumnos que completó el plan vigente en Medicina de la UNC desde 2002. Este plan otorga especial importancia al ciclo final, de 1.600 horas de entrenamiento. Se llama Práctica Médica Integrada, más conocida como Práctica Final Obligatoria (PFO) o Internado Rotatorio, al cual se accede después de haber cursado y aprobado todas las materias. El 80 por ciento de la PFO, es decir unas 1.300 horas, se cumple en centros de salud urbanos y rurales.

Los resultados son alentadores, verificables en Capital e interior. Sobre todo en el interior, donde “aprenden a ver al enfermo como un todo”, acota el doctor Mario Moriconi, del Hospital Municipal de Las Varillas.

“No solamente al sujeto al que se le piden análisis y radiografías, sino a la persona con la cual se conversa, para saber más de su patología y su entorno social”, completa el tutor varillense.

Tutores. La PFO se divide en dos módulos, de cuatro meses cada uno, con asistencia al Clínicas, al San Roque, a las maternidades y demás hospitales públicos, y en más de 70 ciudades o localidades como Cosquín, Pozo del Molle, Jesús María, Villa Dolores, Alta Gracia o Río Tercero.

“Trabajamos con grupos limitados, de entre tres y cinco practicantes, que van rotando por urgencias, internados y guardias”, especifica Fabián Caballero, uno de los tutores del Clínicas. Para el clínico o cirujano, ser designado “padrino” de futuros colegas no es un dato menor. Es un reconocimiento tácito de la Facultad a sus condiciones profesionales y docentes. “Lo fundamental es que adquieran las herramientas para observar al paciente, diagnosticar con rapidez y establecer un criterio terapéutico”, resume el doctor Caballero.

Practicantes. Casi en la línea de largada, tres concurrentes escuchan con atención. Los tres tienen 24 años pero sólo uno, Facundo Rojas, es cordobés. Juan Pablo Sierra es de Chubut y Rafael Abraham (como su nombre acaso lo indica) es salteño. Los tres aseguran sentirse mucho más tranquilos, al conocer bien de cerca al objeto de su vocación y futura profesión: el paciente o enfermo.

“Recién en esta etapa se pone realmente a prueba la fuerza de la vocación”, coinciden los próximos egresados. Hoy todavía visten un guardapolvo de color diferencial, pero ya han visto de cerca el color de la sangre y la medida del dolor de los seres que dentro de poco podrán atender y recetar en sus servicios o consultorios. Pocos oficios, como el de curar, consisten en mucho más que colgar un diploma y colocar una chapa en la puerta.



Fuente: LAVOZ.com.ar | Ahora saben bien lo que es un enfermo


a su vez lo saque de la pag del centro de estudiantes de la UNLP

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