Para entender la diabetes, es conveniente recordar que la energía indispensable para la vida de nuestras células proviene de los alimentos, y la encontramos en 2 formas:

* Hidratos de Carbono: los encontramos en forma de Azúcares Complejos conocidos como
almidones -presentes en cereales, arroz, pastas, leguminosas, frutas y verduras- y Azúcares Simples tales como la glucosa y la sacarosa (azúcar de mesa), fructosa (en la miel).
* Grasas: conocidas como triglicéridos, provenientes de las grasas que contienen las carnes, fiambres, embutidos, cremas, aceites, margarinas y mayonesas.


El azúcar en la sangre constituye nuestro principal combustible de funcionamiento. Así como la nafta,permite que un automóvil se mueva, el azúcar de la sangre, denominada glucosa, nos lo permite a nosotros. Esta glucosa se distribuye por todo el cuerpo y finalmente penetra al interior de las células para que pueda ser utilizada. El paso de glucosa hacia el interior de las células, es llevado a cabo por la acción de la hormona insulina, producida por el páncreas, uno de los órganos cercanos al intestino.
En las personas con diabetes, el páncreas no produce insulina o esta hormona no cumple bien su
función, y es por ello que aumenta el contenido de glucosa en la sangre (glucemia), al mismo tiempo
que disminuye dentro de las células. Dicho de otra manera, la diabetes se caracteriza por una escasa, lenta o nula utilización del azúcar de la sangre.
La hiperglucemia (aumento de la glucemia) es una característica de la diabetes no controlada, y con el tiempo produce importantes lesiones en muchos sistemas orgánicos, y en particular en nervios y vasos sanguíneos, ya que el azúcar se "pega" en los tejidos, depositándose silenciosamente durante meses o años antes de producir alguna molestia.
El azúcar en exceso se traduce en un envejecimiento acelerado, predisponiendo a una arteriosclerosis en adultos jóvenes y comprometiendo varios órganos el cuerpo: ojos, riñón, corazón, etc.
Volviendo al ejemplo del auto, sería como llenar el tanque de nafta sin que la manguera que la lleva al motor funcione. Pasado un tiempo, el motor comenzará a detenerse, mientras que la nafta rebasará el tanque, ensuciándolo todo. En esta hipotética comparación, la insulina vendría a ser la “manguera” transmisora, la hormona que regula el paso del azúcar desde la sangre a las células.