Cuando el ansia por vender atropella la moral
El morbo, el amarillismo y el sensacionalismo son moneda corriente en los medios de comunicación. Nadie se salva de contarlo entre sus filas, atraviesa periódicos y programas televisivos, países, grupos sociales y temáticas. Desde rumores que se cuelan en las vidas privadas de las estrellas del momento hasta la Medicina, las publicaciones de este estilo se multiplican y, con ellas, los consumidores expuestos a riesgos cruciales.
Tal es el caso de revistas de medicina donde la estrella es el sensacionalismo y, bajo la democrática idea de incluir todas las medicinas y todas las voces, cometen errores al presentar información, exprimen la creatividad en títulos impactantes, confunden, malversan, aseguran sin ningún respaldo y, lo peor, convencen. Millones de personas por mes ingresan a leer estas noticias y otras miles se encargan de comprar la revista impresa en papel en kioskos.
La usuaria que nos aconsejó abordar este tema en las Editoriales, MeliMed, señala a su vez que el acto único que acometen estas revistas, impresas u online, es el de contrariar la medicina tradicional, desacreditar tratamientos que salvan vidas y predicar que tratamientos alopáticos pueden —según ellos pero sin respaldo científico ni firmado por médicos— curar el cáncer y HIV.
Tal es el caso de una revista europea profundamente negacionista cuya línea editorial tiene como marca personal el no limitarse a reproducir las noticias de otras agencias, sino añadir también a ellas su opinión personal, sin referencias ni un soporte que las justifique.
Diciendo que su enfoque es integral, no dualista sino incorporador de la esfera existencial y todos los niveles de conciencia, asegurando que su único fin es ayudar a la humanidad a progresar en hermandad, no dudan en publicar artículos sobre la ineficacia de la quimioterapia, los peligros de la vacuna contra el HPV a la par de otros con refulgentes dietas definitivas que se presentan con una veracidad defendida con el mismo tenor falible que emplean para desacreditar cosas aceptadas por todos.
Si bien muchas de las cuestiones que dan por ciertas tan a la ligera no escaparían a primera vista de crítica a los ojos de un profesional de la salud, lo alarmante es que no es éste el público al que tales revistas se dirigen, sino que apuntan a la masa de consumidores que, al no estar familiarizados con las cuestiones médicas, son más propensos a la credulidad.
Agustina Jazmín
agustina.jazmin@mancia.org


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