Interrogantes antiquísimos sin respuesta
Que la ciencia debe servir para resolver problemas, es algo sabido por todos. Un poco más lejos, Liliana Haim, docente de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, cree que los científicos deben pensar menos en los papers y un poco más en cómo habrán de insertarse sus conocimientos en la sociedad. Aparte de aquello que puede ser útil para una ciencia puntual -y el orgullo de quien lo descubra-, y aquello que resulta de provecho para la sociedad, hay otras dudas vinculadas al saber científico que nos afectan a todos.
Por qué existe la materia, cómo comenzó el universo, de qué forma empezó la vida, cómo funciona el cerebro y qué hay después de la muerte son algunas de ellas. En la edición del 125º aniversario de la reconocida revista Science, los investigadores pararon a reflexionar sobre estos asuntos que todos podemos formular pero, por el momento, nadie sabe responder con demasiada certeza.
Respecto a la formación de la vida en la Tierra, se habla de una sopa, caldo de cultivo (metáfora culinaria pero primero metáfora, poner en lugar de lo que no se sabe algo que se conoce para poder decir) con energía y materia inerte. Cómo estos ingredientes dieron con la receta de la vida, sigue siendo un misterio. El principio se trata, según se indica, de átomos de materia sin vida que convivían a la deriva. Aunque también puede conjeturarse que la vida no se formó en la Tierra, sino que vino en un meteorito desde el espacio.
El tan conocido Big Bang, por su parte, aparece como el inicio de todo. Qué ocurrió antes de él, o en el instante exacto que lo precedió, es una oscura laguna. Otro pozo es la memoria, ya que si bien se sabe que al aprender cambios químicos tienen lugar en nuestro cerebro, todavía no hay unanimidad respecto a qué mecanismos hacen reaccionar a las neuronas para almacenar el recuerdo y tener acceso a él luego.
En el caso del ADN, por su parte, a pesar de haberlo codificado e identificado sus elementos, no se sabe a ciencia cierta cómo realmente funciona, cuáles son sus interrelaciones y cuál el envío, en todas sus rutas, de información para producir proteínas y luego, con ellas, hacer funcionar a los organismos.
Siglos y siglos de investigación, y ya varias décadas con una tecnología nunca antes vista ni intuida, no bastan para satisfacer a los interrogantes más elementales que el hombre se hace desde que tiene conciencia de sí mismo y de lo que lo rodea. Las mentes más brillantes tienen en común con el resto de la sociedad en sentir el mismo acecho del desconocimiento, que se cierne sobre uno como una enorme sombra, sin distinguir entre oficios, posgrados o nivel intelectual.
Agustina Jazmín
agustina.jazmin@mancia.org
Fuentes
- "Diez dudas que la ciencia no ha podido resolver" en Librodeurantia.org
- “La ciencia debe servir para resolver problemas” en Página12


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