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Muriéndome por otra dosis de Big Mac

Muriéndome por otra dosis de Big Mac

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    Muriéndome por otra dosis de Big Mac

    Por algún motivo, leer sobre sustancias adictivas siempre me recuerda dos escenas de la película Trainspotting.


    La primera es la del comienzo, Renton corriendo mientras se sucede la famosa seguidilla de latiguillos que termina con Choose Life (Elige Vivir). La segunda, cuando acaba de recibir sus dosis de metadona, y corre a recibir otra dosis de heroína para soportar el resto del día. Trainspotting es casi una tragedia, un dramón de aquellos, pero se vuelve una farsa cuando mi imaginación la toma por asalto después de leer este tipo de noticias en La Nación: “Por qué la comida chatarra es adictiva.”[i]

    Imaginar a Renton saliendo de una clínica de rehabilitación después de recibir sus píldoras de grasa y azúcar, para luego huir hasta la cadena más cercana de comida chatarra para conseguir una dosis de hamburguesa y gaseosa cola que lo manda a un lugar sublime donde lo hedónico prima parece salido de un sketch de Capusotto. Sin embargo, se están desentrañando los mecanismos neurales de la homeostasis y del hedonismo de la ingesta de algunos alimentos, y se está empezando a ver que la cocaína, una gaseosa helada y una buena hamburguesa completa pueden tener efectos similares sobre nuestro sistema neurocognitivo. En el simposio ‘Adicción al alimento: realidad o ficción’, del cual se publicó un resumen en el Journal of Nutrition en el 2009[ii] explica brevemente lo que se sabe al respecto.

    Según el DSM-IV una adicción se configura cuando se cumplen 3 de los siguientes 7 criterios: (1) fenómeno de tolerancia (requerimiento de aumentar la dosis para lograr el mismo efecto), (2) abstinencia, (3) aumento del consumo, o prolongación del consumo en el tiempo más allá de lo deseado inicialmente, (4) deseo persistente de consumir la sustancia, o incapacidad para reducir y/o controlar su consumo, (5) gasto desproporcionado de tiempo consumiendo la sustancia, o recuperándose de sus efectos, (6) el consumo de la sustancia interfiere en forma significativa en la vida cotidiana, y (7) el consumo de la sustancia persiste a pesar del pleno conocimiento de sus efectos nocivos. La dependencia física se determina con los criterios (1) y (2). Pero aún sin dependencia física, el resto de los criterios determinan una dependencia psicológica, que alcanza para hacer el diagnóstico de adicción en los seres humanos.

    No es fácil demostrar estas conductas en modelos animales de adicción. Pero existen modelos de adicción con drogas de abuso, donde se demuestran algunas de estas conductas en ratas: aumento del consumo de la droga a medida que pasa el tiempo (aumento del consumo y/o pérdida del control), aumento de la motivación para conseguir la droga, aumento de la reacción ante la falta de la droga, y finalmente, uso continuado a pesar de que el consumo cause efectos indeseables.

    Uno de los comportamientos evaluados en los modelos de adicción a los alimentos es el binge-eating (consumo excesivo y compulsivo) de alimentos ricos en dos macronutrientes: azúcares y grasas. Se ha demostrado en modelos animales que la exposición intermitente a alimentos ricos en azúcares simples y/o grasas favorece la conducta de binge-eating, de lo que se infiere cierta dependencia física y/o psíquica desarrollándose por el consumo de azúcar y grasa. Existe evidencia desde la neuroquímica que avala esta hipótesis: se han demostrado cambios en la concentración de neurotransmisores como la dopamina, la acetilcolina y los opioides endógenos en ratas expuestas intermitentemente a alimentos ricos en azúcar. Cambios similares se observan en modelos de drogas de abuso, como la morfina, la nicotina y el alcohol. Estos efectos son característicos a nivel del Núcleo Accumbens.[iii] Otro trabajo ha propuesto que esta propensión al bingeing solo se observa en animales predisupuestos a la obesidad.[iv]

    La estimulación del sistema mesolímbico con la posterior liberación de dopamina a nivel del Núcleo Accumbens se interpreta como la ‘faceta hedónica’ de la ingesta de alimentos. En otros modelos se ha demostrado que los efectos a largo plazo del consumo de drogas de abuso que activan al sistema mesolímbico se pueden observar también en ratones alimentados en forma intermitente con alimento rico en grasas.[v] En el campo de la ‘homeostasis de la ingesta’ se le atribuye un rol preponderante a las hormonas leptina y ghrelina. La leptina circulante es proporcional a la masa de adipocitos, y suprime el impulso orexígeno a nivel hipotalámico. En contraste, la ghrelina estimula la ingesta. Nuevos trabajos han vinculado a ambas hormonas en la regulación de las vías dopaminérgicas del sistema mesolímbico, por lo que se agrega más evidencia para sostener la hipótesis de la relación entre la alimentación y cambios neuro-químico-cognitivos similares a los que se encuentran por el consumo de drogas de abuso.

    Se agrega a estos trabajos otro sobre la conducta de consumo de tipo adictiva (aumento del consumo y de la motivación para obtener el alimento) en ratas púberes y adultas, demostrándose una mayor sensibilidad al estímulo adictivo (el consumo de alimentos ricos en azúcares y grasas) entre las ratas púberes, especialmente hacia la mitad de la pubertad, en comparación con ratas adultas, donde es más difícil inducir este tipo de comportamiento.[vi] Esto nos recuerda la importancia de ciertos momentos de la vida en la conformación de conductas y actitudes de tipo ‘adictiva’.

    No sé si algún día solo podremos conseguir hamburguesas de forma ilegal en oscuros antros, ni si tengamos que salir a robar un estéreo para conseguir la próxima gaseosa cola. Lo cierto es que de aceptarse que la adicción al alimento es una posibilidad, nos obligará a reenfocar el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad, así como también de otras patologías donde se comprueban ‘conductas adictivas’ como en la bulimia nerviosa o el síndrome de Prader-Willi.

    Martín Carreras
    martin.carreras@mancia.org

    [i] Por qué la comida chatarra es adictiva - lanacion.com
    [ii] Symposium Overview
    [iii] Sugar and Fat Bingeing Have Notable Differences in Addictive-like Behavior
    [iv] Withdrawal from free-choice high-fat high-sugar di... [Psychopharmacology (Berl). 2009] - PubMed result
    [v] Homeostatic and Hedonic Signals Interact in the Regulation of Food Intake
    [vi] Reward Sensitivity for a Palatable Food Reward Peaks During Pubertal Developmental in Rats
    Imágenes adjuntas
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  2. Los siguiente/s 4 mancianos agradecen a Editoriales por este mensaje de gran utilidad:

    Berni Aljus (30-Sep-2010), Pablinius (30-Sep-2010), tita86 (01-Oct-2010), yazz (30-Sep-2010)

  3. Avatar de Zoe Mza
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    #2
    La estimulación del sistema mesolímbico con la posterior liberación de dopamina a nivel del Núcleo Accumbens se interpreta como la ‘faceta hedónica’ de la ingesta de alimentos.
    Será el mismo mecanismo cuando comemos "porque estamos deprimidos"?

    El psicólogo me dijo: "La vida es como un ECG".
    Y yo le respondí: "Ok, Doc, entonces mi vida debe haber entrado en fibrilación ventricular".

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