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La economía de la nutrición

La economía de la nutrición

  1. Avatar de Editoriales
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    La economía de la nutrición

    La alimentación y la economía siempre han ido de la mano. Recientemente se ha empezado a hacer hincapié en la alimentación saludable para la prevención de enfermedades, al mismo tiempo que diferentes situaciones de índole económica condicionan que comemos y cuanto (y para demasiados, cuando).


    Las diferencias sociales se han marcado en la alimentación desde la antigüedad. En el Medioevo, los campesinos comían grandes cantidades de verduras, muy poca carne, y abundantes cantidades de cereales. Los señores feudales consumían grandes cantidades de carne, grasas y lácteos. Las enfermedades eran disímiles. El campesino, con permanente sub-aporte proteico, sufría carencias de oligoelementos, y las enfermedades asociadas. Los señores, en cambio, sufrían por los excesos: obesidad, gota, osteoartritis. Lo que la gente pone sobre la mesa para alimentarse depende de los vaivenes económicos, y a veces definen la génesis de procesos históricos. El precio del pan fue uno de los detonantes de la Revolución Francesa en 1789. Si, el precio del pan. De allí la famosa frase de María Antonieta ‘que coman torta’, porque el pan era tan caro que ni los pobres podían adquirirlo.

    La Nación publicó recientemente sobre un estudio realizado por la consultora Abeceb, sobre los cambios en la gastronomía argentina en los últimos 20 años.[i] Descubrieron interesantes cambios en los patrones alimentarios del argentino promedio. En resumen, ha aumentado mucho el consumo de carne de pollo en contraste con la de carne vacuna, que ha descendido. El consumo de vino también se ha reducido, y el de gaseosas y aguas saborizadas ha crecido en forma muy importante.[ii]

    En 1980, el argentino promedio consumía 80kg/año de carne vacuna, número descendió hasta los 67kg en 2009. Una caída significativa. La pregunta es ¿por qué? Seguramente muchos cardiólogos estarán congratulándose. La campaña contra el consumo de carne vacuna está dando resultados, y seguramente es porque la gente es más consciente de que no es tan sano como alimento. Pero un análisis económico deja ver que los valles en el consumo de carne vacuna (cortes nalga, asado y cuadril) se corresponden con la inflación. Así fue como en el ’98 el precio aumentó un 18% y el consumo cayó un 4,5%. En el 2001, la inflación del precio de estos cortes trepó un 35,4% y el consumo declinó 6,3%. Hasta acá, el argentino parece resistirse a dejar de comer carne vacuna. El asadito del domingo es sagrado. Pero estamos llegando al límite: en lo que va del 2010 el precio de la carne aumentó un 57,8% y el consumo se desplomó casi 17%. Desde 1991, en cambio, el consumo de carne aviar aumentó un 175%, de 12kg/año hasta 33kg/año. Una duda nos invade: ¿la dieta ‘más saludable’ se debe a una buena política de salud, o a una mala política económica?

    En el ámbito de las bebidas, los toxicólogos estarán felices de saber que el consumo de vino bajó casi el 50% desde 1980 (65litros/año) hasta el año 2000 (31litros/año). No solo eso, ha mejorado la calidad del vino bebido. No sabemos si será porque el paladar argentino se refina, o porque la gente le huye al vino barato después de tantos casos de intoxicación con damajuanas adulteradas en los ‘80s y ‘90s. De nuevo: ¿buena política de salud, o mala política de control de la industria alimentaria?

    Un dato alarmante se anuncia con el aumento en el consumo de gaseosas: se duplicó desde 1980 hasta 2009, de 52 litros/año a 92 litros/año. 240ml de Coca-Cola, por poner un ejemplo, contienen 97kcal.[iii] Lo que significa que en el 2009, el argentino promedio ingirió unas 37.000kcal en gaseosas (asumiendo que consumen las versión tradicional), a razón de unas 101kcal/día. No parece tanto: son las mismas que en una barrita de cereal. Pero claro, si esto es el promedio, es porque hay gente que está muy por debajo de esa ingesta, y otros que están muy por encima. Más que las gaseosas, creció en forma más rauda el consumo de aguas saborizadas. Desde su aparición en 2002, el consumo ha trepado un 169%. ¿Qué le pasa al agua de red? ¿Le faltará el glamour de un gas finito y un sabor artificial a lima-limón? Quizás habría que rediseñar las estrategias de purificación de agua y agregarle un poco de citrus, como para repopularizarla.

    Todo esto naturalmente condiciona la forma en la que nos relacionamos al mundo. Según se publicó en Página/12, un estudio a cargo de la antropóloga Patricia Aguirre[iv] analizó las preferencias de imagen corporal de personas de diferentes niveles socioeconómicos, y se demostró que en los de ingresos medios y altos se prefería un ideal de cuerpo como los que uno ve en la televisión: cuerpo esbelto y saludable es el sinónimo de belleza para los de collar y guante blanco. Pero para los de overol, el ideal es otro. La belleza se mide en curvas, se prefiere un cuerpo fornido y no le huyen a la panza. La pregunta es si el ideal de belleza impacta en lo que comen, o si lo que comen impacta en el ideal de belleza. Eso mismo es lo que se pregunta Aguirre. Como entre la gente de bajos recursos el alimento debe ser calórico, no solo porque debe haber una buena relación entre calorías y costo, sino porque también son los que realizan los trabajos físicos más pesados, el ideal de cuerpo es aquél que se ajusta a esta realidad alimentaria. En cambio, los de recursos medios y altos se pueden dar el lujo (no solo el lujo, sino la necesidad) de comer menos. No realizan trabajos pesados, por el contrario, suelen ser sedentarios oficinistas con carencia de gimnasio. Por lo que el ideal de belleza se adapta a una dieta hipocalórica, una abstinencia del placer gastronómico al cual, según Aguirre, caen sin dudarlo después de haber sufrido privaciones durante semanas para reducir en uno o dos talles el pantalón.

    Aguirre busca demoler el ‘ideal’ de dieta que se está tratando de lograr para la población, porque es como los medicamentos caros: incompatible con la pobreza. Si bien los medicamentos caros se pueden conseguir acopiando muestras médicas, no existen visitadores médicos que permitan el acopio de frutas y verduras frescas, de carnes magras, y de leche y queso que permitan recetarle una ‘dieta mediterránea’ a todos nuestros pacientes sin importar su nivel socioeconómico.

    Me pregunto si la dieta no debería ser un tema de salud pública.[v] El Estado garantiza la educación y la salud, irónicamente no garantiza la seguridad alimentaria. Quizás la única forma de lograr que todos podamos alimentarnos de la forma más saludable será mediante la instrumentación de políticas económicas y sociales que eviten que nuestra alimentación esté sujeta a los vaivenes de la economía. Eso permitirá que la educación alimentaria valga la pena, porque no valdrá la pena hasta que todos puedan comprar y comer según la pirámide nutricional, en vez de según su billetera.

    Martín Carreras
    martin.carreras@mancia.org

    [i] Cómo cambió la mesa de los argentinos en los últimos 30 años - lanacion.com
    [ii] En 30 años los productos menos tradicionales se apoderaron de la mesa de los argentinos | abeceb.com
    [iii] Calories in The Coca-Cola Company - Coca-Cola classic
    [iv] Página/12 :: Sociedad :: El cuerpo ideal y la lucha de clases
    [v] Página/12 :: Sociedad :: Cuando pobres y ricos comían parecido
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  2. Los siguiente/s 5 mancianos agradecen a Editoriales por este mensaje de gran utilidad:

    Berni Aljus (28-Sep-2010), GutiLina (28-Sep-2010), Lúthien (29-Sep-2010), Pablinius (28-Sep-2010), Teany (01-Oct-2010)

  3. Avatar de Zoe Mza
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    #2
    Cuando se habla de "argentino promedio" en los artículos ¿te referan a cualquier persona del país o a la gente que vive estrictamente en Buenos Aires? Me gustaría comparar el consumo de carne que tiene un habitante de una provincia ganadera (como Buenos Aires, por ej.) con el de una persona que vive, no se, en San Juan o Corrientes, por ejemplo. Lo busqué en las fuentes pero no lo encontré...

    Por otro lado, encontré un artículo relacionado con la leche y con los efectos beneficiosos que tiene (a pesar de que se le ha hecho una suerte de "mala fama"):

    http://www.intramed.net/contenidover...tenidoID=67797

    Aunque lamentablemente, como dice el artículo, solo pueden comprar leche hoy en día aquellos a quienes les da la billetera.

    Saludos.-

    El psicólogo me dijo: "La vida es como un ECG".
    Y yo le respondí: "Ok, Doc, entonces mi vida debe haber entrado en fibrilación ventricular".

  4. Avatar de ROADRUNNER
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    #3
    En general, no estoy de acuerdo con la antropóloga.
    Primero de todo, la gente carenciada no se preocupa por la imagen sino por evitar el hambre. Ciertamente que eligirán alimentos rendidores que llenen, y que produzcan muchas veces cuerpos gordos.
    Pero tener panza no es buscado.
    Un carpintero de la clase baja puede almorzar apenas una ensaladita de fruta, para cuidarse porque está gordo.

    Por contra, alguien de los estractos sociales altos quiere ponerse "grande" y musculoso y no duda en recurrir hasta a drogas peligrosas y por supuesto, comer carne y batidos de proteinas durante todo el día, sin tener en cuenta que el ser humano no es un caballo para estar comiendo continuamente.

    En cuanto a los gustos con respecto al cuerpo femenino, hay de todo. No creo que a un changarín pelo en pecho le deje de gustar Valeria Mazza (?) Si la mina le invita a ir a la cama acaso va a decir: huy no cariño, perdon pero tú eres muy escuálida para mi delicado gusto??
    Igual, no va a faltar el que diga que "no es mujer" por ser delgada, pero la mayoría no va a opinar lo mismo.


    Me gustaría comparar el consumo de carne que tiene un habitante de una provincia ganadera (como Buenos Aires, por ej.) con el de una persona que vive, no se, en San Juan o Corrientes, por ejemplo
    En Corrientes se come tanta carne como en Buenos Aires. A lo mejor hay alguna diferencia en cuanto a la mayor cercanía con el campo en que la gente pobre consume muchos productos de granja. Y si viven cerca de un río la pesca es importante.
    Entre los más pobres de todos es muy popular el Reviro, que se hace con grasa, harina y huevos y también carne.
    Tambien pero no solo los pobres, sino casi todo el mundo, consumen chipa, que es un pan de harina de mandioca con queso.

    HEY HO! LET'S GO!!
  5. Los siguientes usuarios agradecen a ROADRUNNER por haber posteado información muy útil:

    Berni Aljus (28-Sep-2010)

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