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Salud Pública en el Golfo de México

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    Salud Pública en el Golfo de México

    El 20 de abril de este año una explosión en la plataforma petrolífera Deepwater Horizon desató un desastre en el Golfo de México. Once personas murieron, y comenzaron a derramarse millones de litros de petróleo crudo en el mar que rápidamente fue arrojado sobre la costa sur de los Estados Unidos.




    Ante ese panorama, y ante el hecho de que se ha hecho prácticamente imposible detener la fuga de crudo desde las profundidades, las autoridades han empezado a preguntarse sobre los riesgos para la salud pública que representa esta fuga: para los residentes de las zonas afectadas y los trabajadores que se encargan de las tareas de limpieza y arreglo de la fuga.

    Por ello el Center for Disease Control (CDC) abrió en su página web una sección especial sobre los potenciales efectos nocivos en la salud debido al derrame, dirigido a la población en general y a los profesionales de la salud.[i]

    Para la población general la CDC trabaja en conjunto con la Environmental Protection Agency (EPA) y también con la Food and Drug Administration (FDA) para informar sobre la calidad del aire ambiental, los alimentos y el agua de bebida. La EPA se encarga de monitorear los niveles de contaminantes nocivos mientras que la CDC y la FDA se encargan de elaborar recomendaciones al respecto, tanto para la población general como para el equipo de salud y las autoridades locales. En este sentido, la CDC enuncia que los riesgos a la salud por la contaminación del aire son bajos de momento. Los fuertes olores que pudieran llegar a la costa debidos a los compuestos volátiles no presentan riesgo para la salud, por no encontrarse en concentraciones significativas. Lo mismo ocurre con el humo que se libera de la quema del petróleo en algunos focos. Sin embargo, recomiendan que las personas expuestas permanezcan en sus hogares, y mantenerse alerta con respecto a los que padecen afecciones respiratorias: asmáticos y personas con enfermedades pulmonares son particularmente sensibles a los efectos irritantes del humo y los compuestos volátiles. Con respecto a estos últimos, advierte sobre el efecto de compuestos como tolueno, benceno y muchos otros: cefalea, náuseas, rinitis, conjuntivitis. La gravedad dependerá de la sensibilidad del paciente y las concentraciones en suspensión aérea. Con respecto al agua, el CDC no espera ningún problema con el agua de bebida relacionado al derrame, pero advierte sobre los riesgos del uso recreativo de las aguas contaminadas. Los únicos alimentos que se supondrán contaminados serán el pescado y crustáceos de consumo humano. A pesar de que muchas de las zonas pesqueras no se han afectado aún, varios estados han prohibido la pesca comercial en determinadas zonas que la EPA reevalúa a diario.

    Otro es el riesgo que presentan los trabajadores encargados de limpiar el desastre. La exposición al crudo puede producir efectos agudos como los antes mencionados. Pero la exposición a los dispersantes utilizados para la limpieza también puede causar erupciones cutáneas, conjuntivitis química, broncoespasmo, rinitis y bronquitis entre otras. Por ello la Occupational Safety & Health Administration (OSHA) se encarga de garantizar que British Petroleum esté proveyendo a los trabajadores con las medidas de seguridad necesarias para reducir los riesgos de exposición, al mismo tiempo que elaboran un plan para el seguimiento posterior de la salud de los trabajadores involucrados.[ii]

    Además cada estado coordina y monitorea los problemas de salud que puedan surgir por la contaminación de las costas del Golfo de México. En Lousiana, 109 personas han sido tratadas por patologías relacionadas al escape, 74 trabajadores y 35 de la población general. Solo 9 requirieron hospitalizaciones cortas, el resto presentaron sólo síntomas leves de vías aéreas y gastrointestinales. [iii] En Alabama, solo 8 personas consultaron por síntomas debido a contacto con el petróleo: la mayoría de los casos solo presento agravamiento de una condición crónica previa (reagudización de EPOC) y trastornos cardiovasculares.[iv] Mientras tanto, la American Association of Poison Control Centers (AAPCC), agencia encargada de monitorear la exposición a tóxicos, reporta que desde abril hasta el 18 de junio se recibieron 322 llamadas sobre exposición al petróleo y otros químicos derivados. La mayoría de las llamadas provinieron de Louisiana (131), Florida (82), Alabama (60) y Mississippi (27). Los síntomas reportados con mayor frecuencia fueron cefalea, náuseas y vómitos, diarrea, irritación faríngea, dolor ocular, mareos, tos y sensación de ahogo.[v]

    Sin embargo, la preocupación continúa, especialmente por los posibles daños en la salud de los trabajadores que puedan ir apareciendo con el tiempo. Muchos pescadores que trabajaron en la limpieza del derrame del Exxon Valdez desarrollaron diferentes trastornos neurológicos en forma tardía, según comenta el Washington Post.[vi] En un informa para Fox News el Dr. Marc Siegel da un pronóstico ominoso basándose en la catástrofe del Exxon: tras ese derrame fueron casi 11.000 los trabajadores que tuvieron problemas de salud. Menciona un estudio publicado en el American Journal of Psychiatry de 1993, que demostró un aumento en la incidencia de trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático en las comunidades costeras afectadas por el Exxon.[vii] Existe gran preocupación sobre el ingreso de toxinas y derivados del crudo en la cadena alimentaria del Golfo de México que puedan ir llegando a la población humana por la ingesta de pescado contaminado, situación que podría llegar a perdurar por décadas y tener efectos por multiplicación.

    Lo más grave con lo que se han encontrado las autoridades es la falta de información. Cuando fue el desastre del Exxon no se realizó ningún seguimiento a largo plazo de las personas afectadas. Tampoco cuando se fue a pique el Prestige frente a las costas de Galicia en el 2002. Es por ello que la CDC ha anunciado que mantendrán un programa de seguimiento a largo plazo, que servirá para anticipar la magnitud de futuros problemas. Pero con el actual, mucho habrá de aprenderse sobre la marcha.

    Martín Carreras
    martin.carreras@mancia.org

    [i] CDC | 2010 Gulf of Mexico Oil Spill

    [ii] Summary of OSHA Industrial Hygiene Activities with In situ Burn Operation

    [iii] CDC | Gulf Oil Spill 2010 | Health Surveillance - State of Louisiana

    [iv] CDC | Gulf Oil Spill 2010 | Health Surveillance - State of Alabama

    [v] Poison Centers and the Gulf Oil Spill

    [vi] Attention turns to spill-related health risks

    [vii] Oil Spill Health Risks
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