Los sistemas de salud, en especial los sistemas nacionales como los de Gran Bretaña, Suecia, Francia y España, se financian en forma directa con el dinero que pagan en impuestos sus ciudadanos. Existe una tendencia creciente de ‘control ciudadano’ sobre el destino del dinero de los impuestos, que ha tomado un giro interesante, que va un poco más allá de lo que usualmente se controlaba.




El concepto del ‘fair-trade’ no es nuevo. Su paralelo más emblemático son los movimientos que fomentan el consumo de productos orgánicos (productos agrícolas producidos sin uso de agroquímicos, con la idea de preservar el medio ambiente) u organizaciones de vegetarianos que abogan en contra del maltrato de los animales de corral. El concepto de fair-trade se focaliza sobre las condiciones de laborales de los trabajadores de países en vías de desarrollo. Comenzó con las plantaciones de café, algodón, azúcar, bananas y otros productos. Consumidores, preocupados por las condiciones laborales de los productores más débiles del subdesarrollo. Si las empresas empleaban niños, o pagaban miserias a sus trabajadores, los consumidores en países primer-mundistas boicoteaban a esas empresas. Al mismo tiempo, diversas ONG organizaban a los pequeños productores de países pobres para poder vender a precios sustentables y razonables, que les permitieran mantener cierta prosperidad que de otro modo no lograrían.

Esta ‘movida’ del ‘fair-trade’ ha llegado al mundo de salud. La British Medical[i] Association (BMA) esta actualmente presionando al Servicio Nacional de Salud (NHS) a evaluar a sus proveedores. El Dr. Mahmood Bhutta alerta en el BMJ sobre la procedencia de diferentes insumos médicos. Pone el ojo sobre el instrumental quirúrgico de uso común. Expone que un importante volumen de estos insumos es producido en Pakistán, por compañías que tercerizan su producción a pequeños productores, muchos de los cuales trabajan en sus propios hogares. Pero para acceder al mercado europeo o norteamericano, el instrumental debe ser revisado para asegurar su calidad, y posteriormente distribuido. Mucho de esto último lo realizan empresas europeas, que pagan precios irrisorios a los productores, y luego le hacen una enorme sobrecarga al precio de venta. Por ejemplo, una pinza con un costo de producción de US$1 es vendida a las empresas alemanas por US$1,25. Pero la pinza, desde que pisa suelo europeo, pasa a costar US$80. Una vez asegurada la maniobra, las empresas del primer mundo les ofrecen contratos por compras más pequeñas con plazos más cortos, lo que lleva a que las empresas Pakistaníes deban competir entre ellas, o quebrar. Esto lo terminan pagando los trabajadores: Bhutta denuncia que los obreros que producen la mayor parte de estos instrumentos obtiene por a cambio menos de US$2 por día. No tienen acceso a la salud, ni a la educación, ni tienen seguridad laboral. Como son pequeños talleres hogareños tampoco tienen la posibilidad de organizarse y formar sindicatos. La mayoría emplea a niños, muchos de los cuales comienzan a trabajar en estos talleres a los 9 años de edad (algunos incluso a los 7). No solo eso, todos ellos están expuestos a sufrir accidentes, amputaciones o incluso la muerte con las maquinarias que se utilizan en las producción. A una edad donde la exposición laboral más peligrosa debería ser el polvo de tiza del pizarrón, se exponen a metales y productos químicos tóxicos, corrosivos y seguramente mortales.


La respuesta se ha empezado a movilizar. Por un lado, la International Labour Office (ILO) en concordancia con organizaciones Pakistaníes monitorea a las empresas, y vigilan las condiciones en que se producen, reduciendo las horas laborales de los menores, e inscribiéndolos en escuelas para su educación. Por otro lado, países como Estados Unidos y Noruega se han negado a comprar y han cancelado contratos con proveedores que usasen niños como mano de obra. En Suecia, se han comenzado a publicitar este tipo de prácticas antiéticas, para aumentar la conciencia entre los ciudadanos, para demandar que sus líderes políticos tomen algún tipo de acción. En Gran Bretaña la campaña la lidera la BMA. Pero ya hay empresas especializadas en ‘fair-trade’ que trabajan con el NHS, en particular proveedores de ropa de cama e insumos textiles para medicina, que garantizan precios razonables a pequeños productores. El costo financiero es mayor, pero la ganancia humana es enorme.


Pero el quid de la cuestión es simplemente que los compradores exijan condiciones éticas de trabajo para los que cargan con la parte más pesada e insalubre del mismo. Estas iniciativas serán, quizás, la única forma de empezar a redistribuir la riqueza global, y de mejorar las condiciones de vida en los países más pobres para sus pobladores más pobres, quienes han sido los más perjudicados desde que se empezaron a tejer las redes de la división internacional del trabajo, allá por el siglo XIX.

Enhorabuena.

Martín Carreras
martin.carreras@mancia.org

[i] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/arti...tool=pmcentrez
BBC News - NHS urged to buy Fairtrade and ethically sourced kit
FairMedTrade
BMA: Fair Medical Trade | Facebook
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