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Atracción Fatal: la Medicina y el Amor

Atracción Fatal: la Medicina y el Amor

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    Atracción Fatal: la Medicina y el Amor

    ¿Dónde ponemos los limites en el ser medico? ¿A partir de donde somos personas? ¿Es imperativa la inmutabilidad de la relación médico-paciente? Un comentario sobre lo que pasa cuando pacientes y médicos se atraen como personas.



    Hay una nueva preocupación en el ámbito de la salud. Algunos pacientes intentan desprofesionalizar la relación médico-paciente, buscando una relación por fuera del marco que el profesionalismo exige, lo que nos hace preguntarnos si acaso nunca dejamos de ser médicos.

    El 99% de la población no tiene este problema. Un obrero deja de ser obrero después de fichar al terminar el día. El oficinista sale de la oficina sin llevarse su puesto a cuestas. El plomero no es plomero si deja las herramientas en casa. ¿Pero que pasa con los médicos?

    Existe la noción de que uno es médico siempre. No habría forma de escapar: ser médico nos impele a cumplir obligaciones extra para con el resto de la sociedad. Si una persona se cae en la calle, estamos obligados a asistirla si no hay otro con mayor capacidad. Si vamos en un avión y una mujer embarazada comienza el trabajo de parto, la sociedad nos exige que la atendamos. Sería el precio de nuestra vocación, como si ella fuese a despojarnos de nuestra humanidad para convertirnos en médicos. Como si al recibir la matrícula hubiésemos abandonado la vida civil, cual militar.

    ¿El médico en algún momento vuelve a la vida ‘civil’ como los oficinistas, los obreros, los plomeros? ¿Cuando completa la última historia clínica y cierra la puerta de su consultorio, sigue siendo médico, o se ha reintegrado a la vida en sociedad, como cualquier otro hijo de vecino cuando sale del trabajo?

    Un artículo dispara todo esto: pacientes buscan a sus médicos por Facebook con intenciones amorosas. Les llevan flores, algún libro, algún que otro regalo, con la intención de conquistar. ¿Esta prohibido esto? Los empleadores aprovechan para advertir a los médicos sobre el riesgo de que esto ocurra por el uso de las redes sociales en internet, como si la publicación de información personal pudiese inducir a los pacientes a tomar ‘conductas inapropiadas’. ¿Qué constituye exactamente una conducta inapropiada en estos casos?

    Parece haberse arraigado la idea que el médico es médico de su paciente siempre, como si no pudiese nunca derivarlo a otro para el cuidado de su salud. Impresiona, además, como un intento de demonizar un poco a los sitios de ‘social networking’ como Facebook, Orkut, etc. ¿Acaso un paciente debe resignarse a no buscar una relación con una mujer solamente porque la conoció profesionalmente? ¿Debe abandonar su pulsión? Si la busca en Facebook y la espera a la salida con sus flores favoritas (esa información él la saco del perfil de ella) ¿acaso esta mal, porque ella es su médico?

    ¿Pero acaso esto no ocurrió nunca antes en la era pre-internet? ¿Recién ahora debemos estar ‘en guardia’ ante la posibilidad de recibir propuestas ‘indecentes’ de nuestros pacientes? No hay muchas diferencias entre eso y una paciente que se queda por allí hasta que él, médico, termina su día de trabajo. Ella se queda esperándolo hasta que él sale del consultorio para abordarlo allí mismo, y simplemente invitarlo a tomar un café, sin ninguna intervención cibernética. Las barreras eran las mismas en ese entonces: la ética del profesionalismo. Era (y es) la única barrera. ¿Acaso esa barrera debe ser impenetrable? ¿Acaso hubiese sido todo distinto de haberlo conocido en el parque, o en el supermercado, ‘en la vida civil’?

    Internet quizás facilite este tipo de situaciones. Puede ser que no seamos concientes de que los profesionales de la salud somos, a pequeña escala, figuras públicas, celebridades rústicas, conocidas por miles de personas en pocos años, porque el círculo de pacientes y familiares se amplia rápidamente con el ejercicio profesional.

    ¿Tan aberrante es la idea de que pacientes y médicos entablen una relación no profesional? ¿Los médicos no somos también personas? Quizás debamos preguntárnoslo más seguido para no ponernos en un pedestal, porque ese pedestal nos aleja de nuestros pacientes. Además, a partir de una ‘propuesta indecente’ podemos enriquecer nuestras vidas como personas. Al fin y al cabo, si algo así sucediese, nuestro ex paciente podría encontrar a otro médico para el cuidado de su salud.

    A no olvidar: tenemos el mismo derecho que el resto a ser felices. Que cada uno sepa obrar a conciencia y en consecuencia.


    Martín Carreras
    martin.carreras@mancia.org
  2. Los siguientes usuarios agradecen a Editoriales por haber posteado información muy útil:

    gato (07-Dec-2009)

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