Cayo Plinio Segundo, recordado hoy más bien como Plinio El Viejo, se ocupó de compendiar saberes de la antigüedad: entre ellos, remedios y subespecies de hombres que resultan, hoy, asombrosamente imaginativas.



Entre las labores que ejerció, fue escritor, científico, naturalista y militar. Nace en la actual Como, en Italia –en sus tiempos, todavía se llamaba Comum- en el año 23. Aunque destacó como militar, se le recuerda como científico y hombre de letras.

Su pasión por el mundo que le rodeaba y su afán por comprenderlo y por recopilar la mayor cantidad posible de información sobre el universo conocido le llevaron a ser, según la opinión de varios contemporáneos y no tanto, “el hombre más sabio de su época”.

Pero lo que nos convoca hoy es su Historia natural, donde registraba unas 20.000 entradas sobre todo tipo de temas y reseñaba más de 2.000 libros anteriores. Este libro, best-seller de su época, se mantuvo como fuente de autoridad del conocimiento universal hasta bien entrado el siglo XVI, pese a que mucha de su información implicasen cuestiones completamente descabelladas (por supuesto, esto sólo frente a nuestro punto de vista del siglo XXI).

La Historia natural se compone de treinta y siete libros. El primero contiene el plan general de la obra y da noticias sobre muchos escritores leídos y estudiados. Los libros II-VII tratan de geografía, astronomía y antropología; los libros VIII-XI, de zoología; los libros XII-XIX, de botánica; los libros XX-XXVII, de medicina vegetal; los libros XXVIII-XXXII, de medicina animal, es decir, de cuanto puede obtenerse como medios útiles de los animales y las plantas; y los libros XXXIII-XXXVII, de mineralogía, y, en especial, de todo lo concerniente a los usos del vivir humano y de las artes plásticas.

Verdadera enciclopedia, Plinio el Joven la definió como "obra amplísima y erudita, y tan varia como la naturaleza". El material fue obtenido de la lectura de unos dos mil volúmenes, y se citan cerca de quinientos escritores, entre griegos y latinos.

En él se recomendaba, por ejemplo, un brebaje a base de hiel de toro, jugo de puerro y leche humana para curar el dolor de oídos. También notificaba sobre subespecies humanas tales como los arimaspios, que habitaban cerca del origen del viento del noroeste, y se caracterizaban por la posesión de un único ojo en mitad de la frente.

También estaban los Esciápodo –el nombre viene de la palabra griega que significa literalmente «que se hacen sombra con sus pies»-, quienes, según Plinio, eran hombres que tenían una sola pierna terminada en un pie gigantesco. Así, podían perseguir corriendo a los animales más rápidos, y los días de mucho calor en los desiertos donde vivían, ponían la pierna en alto y utilizaban su pie como parasol.

De todos los lugares en donde podría haber muerto, Plinio el Viejo no podía haber elegido uno más famoso y representativo en la Historia Universal. Falleció en una erupción, y no una cualquiera, sino en la que sepultó la famosa ciudad de Pompeya, esto es, la del Volcán Vesubio, el año 79 d.C.

El responsable de Visor –que re-editó hace un tiempo este impresionante libro- destaca que su muerte se produjo por el inagotable afán de conocimiento del sabio latino, ya que murió asfixiado al querer observar de cerca una erupción del Vesubio cuando se hallaba al frente de la flota de Messina intentando salvar a los habitantes de la costa que trataban de escapar de la furia del volcán.


Equipo Editorial de Mancia.org
Fuentes:
Wikipedia
ElPais.com
Ojocientifico.com
Xatakaciencia.com
Biografiasyvidas.com
Sigloscuriosos.blogspot.com.ar