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Las guías y la subjetividad de las directrices

Las guías y la subjetividad de las directrices

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    Las guías y la subjetividad de las directrices

    La existencia de distintos tipos de guías, en ocasiones contradictorias entre sí, es un signo de que en ellas se suele entremezclar la subjetividad. A partir de esta base, ¿cómo orientar a los pacientes, por ejemplo, respecto a si deben someterse o no a un cribado para la detección de enfermedades, considerando sus consecuencias negativas?





    Existen diversos tipos de guías o directrices que representan un intento de revisar todos los datos disponibles y pertinentes y recomendar un curso de acción eficaz para una situación clínica. ¿Por qué, entonces, existen diferentes tipos de ellas? Una razón importante es que los seres humanos crean. Y, cuando los expertos interpretan los datos para crear directrices, hacen juicios que necesariamente tienen algo de subjetivos. Hay otras razones que explican por qué cambian las pautas. La medicina no es una ciencia estática.

    A medida que nuevos estudios de investigación clínica están disponibles, cada panel evalúa estos datos y reconsidera sus recomendaciones. Los últimos 30 años han visto cambios importantes en nuestro conocimiento sobre el tratamiento de enfermedades. Cualquier directriz representa un intento de interpretar e integrar los datos actuales. En el caso del cáncer de próstata, por ejemplo, estudios prospectivos han definido mejor los riesgos y beneficios de la evaluación. Estos nuevos estudios proporcionan datos objetivos, pero la interpretación de los datos será siempre subjetiva.

    La mayoría de las personas no entiende los factores que intervienen en las directrices de evaluación, ni entienden los riesgos que puede implicar la detección, sino que sólo imaginan el beneficio de la detección temprana del cáncer. Nuestro objetivo, cuando nos encontramos con los pacientes, debe ser educarlos de manera integral y efectiva sobre los riesgos y beneficios de los escaneos, para que puedan tomar una decisión que esté de acuerdo con sus objetivos de salud y que tenga en cuenta las probables contra-indicaciones.

    La Foundation for Informed Medical Decision Making proporciona información e incluso ayuda específica para cada paciente a la hora de tomar decisiones difíciles. El principio general que hay que transmitir es que toda detección tiene ventajas y desventajas. Antes de poder recomendar alguna en particular, debemos estar convencidos de que la búsqueda de una enfermedad temprana aumenta la tasa de curación sin causar demasiadas complicaciones.

    Cambiar las directrices respecto a la detección pone a los médicos en una posición ética compleja. Corremos el riesgo de ser criticados, a pesar de nuestra recomendación. Si no abogamos por la detección, y el paciente es diagnosticado con cáncer poco después, somos susceptibles a una crítica severa. Si defendemos la detección y el paciente se somete a un incómodo e innecesario seguimiento que revela que no hay cáncer, somos susceptibles, asimismo, a la crítica severa.

    La verdad es que estas situaciones clínicas no tienen soluciones claras.

    Es necesario explicar, tan claramente como sea posible, que los parámetros que rigen la recomendación de someterse a una detección, no son estables, sino que cambian con el tiempo. Los pacientes también deben saber que no importa cuán larga o cuán ampliamente respaldada esté una directriz específica. Ella, por sí misma, no basta para que el paciente decida qué debe hacer. Es acá donde la historia familiar del individuo y la historia clínica del paciente, son factores que pueden ayudar a poner al mismo en una orientación más certera respecto a cuál es la mejor decisión.

    La educación individual de cada paciente, considerada como una ‘consejería’ en la cual se mide el caso y se va desglosando para arribar a una conclusión tomada con responsabilidad y de sincero acuerdo, lleva tiempo, pero al final de la discusión, el paciente ya podrá ser capaz de explicar cuáles son sus riesgos individuales, qué lo podría beneficiar de un cribado, etcétera.

    A partir de esto, es mucho más sencillo que el paciente decida si se debe someterse a una exploración. Las directrices deben ser empleadas, pero recordando siempre que son guías, y no reglas.



    Fuente: Ama-assn
    Traducido y adaptado del inglés por el Equipo Editorial de Mancia.org
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